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¡Vaya Crus de monte!

Esta semana del Pilar emplearé un registro festivo, con la mente puesta en los actos de mayor jolgorio. Aludiendo, más que a la imagen entronizada de la Virgen sobre el pico de Aneto, a alguna de las cruces que se emplazaron por su entorno. En efecto: será otra entrada sobre los recientes rebautizos tresmileros…

Hace ya tiempo que los jalones de religiosidad sobre los 3.404 metros de cota llamaron la atención de un excelente toponimista. Me refiero a una persona acreedora, a través del esfuerzo de toda una vida de estudio, del reconocimiento generalizado de la comunidad del pirineísmo. Así, en 1994 el erudito Robert Aymard publicaba el siguiente chascarrillo desde su artículo sobre “Les noms de pics…” para la Revue Pyrénéenne:

“El Aneto podría llamarse pico de la Santa Cruz, ¡para corregir la confusión de que exista un Puente de Mahoma en un país católico! […]. En cuanto a los picos en propiedad de grandes marcas: podría haber un pico de la Coca-Cola, con un dispensador de bebidas en su cima… ¿Y una punta del Big-Mac del espolón MacDonald?”.

Pues parece que alguno de los lingüistas de la Comisión Asesora que puso en marcha la Lista Soro de tresmiles, el que se ha ocupado en solitario de las cimas del valle de Benasque más concretamente, pudo hacerse eco de un fragmento de esta cita. Supongo que sin saber que era humorística al cien por cien. De ese modo se explicaría, más beatíficamente que nunca, que incluyeran en el reciente censo oficialista a cierta “tuqueta de la Crus”. Traduciéndola al español, a la lengua del todo mayoritaria en Huesca: “puntica de la Cruz”, de 3.302 metros de altitud. De donde, ¡ay, ay, ay!, se habría caído el término de “Santa”…

Para quien no conozca las inmediaciones del Monarca del Pirineo, aclararé que trata de un hombro bien discreto, dudoso como pico o como tuca, caracterizado por lucir desde hace no demasiado una cruz de metal sobre su solitario remate…, con una inscripción pía en catalán y fecha en caracteres romanos. Bueno; si es que el nombre de dicha “tuquica” le ha llegado por cuenta de ese crucerito chiquitín, que todo cuanto tiene que ver con estos asuntos permanece sub nubis. Entre las brumas azufradas del Proyecto Tresmiles.

En cuanto a esa antecima anodina del Aneto, ¿cómo se designaba antes de que alguno de los caballeros que andan por la Comisión Asesora de Toponimia fijara sus ojos en ella?

He de reconocer que no recuerdo haber visto denominación alguna de esta suerte de hombro en los textos de la época clásica. Todo lo más, se sabe que en los años veinte del siglo pasado Lorenzo Almarza, tan vinculado al valle de Benasque y a sus gentes, lo llamaba el “Diente del Aneto”. Así pudo originarse la individualización de este resalte. Ignoro si fue fruto del ingenio del pionero riojano o de la confidencia de alguno de sus familiares, amigos, guardas o guías benasqueses.

Aunque el “Diente del Aneto” dejó rastros escritos, el asunto pareció olvidarse hasta unas sesenta añadas después. Cuando, durante la confección de la primitiva Lista Buysé, se materializó sobre 1988 una efímera cota dedicada a “los Descalzos”. No perduraría demasiado. Dentro de la obra coral sobre Los tresmiles del Pirineo (1990) se sirvió una explicación de Michel Record para el capítulo sobre la “Aproximación a la toponimia” donde aclaraba el trueque:

“No nos parece ilegítimo que algunos nombres de montañeros españoles completen la larga y vieja lista de franceses. Entre las proposiciones de bautizos, hay tres que me han conmovido particularmente, porque mezclan las penas y las alegrías que hacen el tejido de la vida. Los picos Rabadá y Navarro […]. La punta Oliveras-Arenas recuerda una historia menos trágica […]. La vía de los Descalzos y la punta Oliveras-Arenas recuerdan esta primera tragicómica”.

Michel Record abordaba una peripecia trepadora muy conocida que narró el propio Jaume Oliveras desde su artículo sobre “El Aneto por su arista NO y descenso por la cresta de Llosás”, en el número 47 de Muntanya (1957). Sin embargo, el referido ascenso obtuvo una mayor difusión a través de El Aneto y sus hombres (1972) de Jean Escudier, quien de este modo tan vívido contaba lo sucedido en la jornada del 24 de julio de 1906:

“Dos jóvenes sacerdotes catalanes, Jaume Oliveras y Antoni Arenas, siguieron el mismo camino para subir al Aneto. No tenían ni cuerdas, ni piolets, ni mapa, ni brújula –hasta tal punto que al llegar al glaciar de Coronas ignoraban si la cumbre codiciada se hallaba a la derecha o a la izquierda–. Lo peor de todo es que no llevaban calzado; únicamente, alpargatas. En cuanto a las provisiones, las habían olvidado en la cabaña del pastor (sin duda, Ramón Palomera). Tanta imprevisión sorprende, pero la montaña, ciega en sus cóleras, respeta a veces al temerario y castiga al razonable. Para evitar el glaciar se les ocurre subir primero a la punta Russell [del pico del Medio] por su contrafuerte meridional. Desde allí pasaron al pico, después al collado [de Coronas], luego el ataque de la arista nor-occidental del Aneto: contorsiones de equilibristas de un bloque a otro, acrobacias peligrosas encima de la rimaya. A las 15:00 h estaban en la cumbre [del Aneto].

”Para nosotros, este itinerario es un hallazgo divertido; es la vía de los descalzos, ya que permite alcanzar la cumbre llevando sandalias y sin mojarse los pies, por eso hoy se la conoce como vía de los Descalzos”.

No todo el mundo bendijo esta decisión del, todo hay que decirlo, potente equipo de Jean Buysé. Por ejemplo, Robert Aymard reconoció que le hubiera parecido más adecuado que la innegable hazaña fuese recordada a través de la vía existente, que no por su dúo de artífices. En 1994 el toponimista se postulaba a favor de “la punta de los Descalzos del Aneto, nombre más evocador que el de punta de Oliveras-Arenas, los nombres de los dos descalzos”. Cualquiera sabe si nuestros lingüistas gubernamentales hubieran respetado esta otra denominación, si la propuesta del pre-censo Buysé de 1988 hubiese prosperado… Entonces, ¿tendríamos hoy una “repunteta Descalsés” o algo parecido?

Completar este apartado sobre tan curioso strip-tease de pies me llevará a recurrir a una escritora pirineísta que, además de ser originaria de Comminges, ha mostrado su maestría tanto en el terreno de la investigación histórica como en el de la novela. Con importantes conexiones en Benasque y presencia de reconocidos eruditos en su entorno inmediato. Así, Nanou Saint-Lèbe firmó una más que recomendable ficción sobre Las nieves del Aneto (2006) donde añadía cierta visión montañesa de esta historia de los Descalzos. Insistiendo en que el siguiente extracto es fruto de su inventiva, disfrutemos del diálogo entre un escalador barcelonés y un pastor benasqués:

“–Debes conocer a ese insensato de Oliveras, puesto que eres catalán –dice Ramón [Palomera], tras un corto silencio.

”–Le conozco bien, sí, y aunque no formemos parte del mismo grupo de montaña. A él le gusta ir solo, o más bien con la única compañía de Dios.

”Ramón se pone a reír. Con sus ojos azules, frecuentemente tiene el aspecto de joven.

”–¡Puedes repetirlo! La primera vez que le vi debió ser en 1907… ¡No, fue en 1906!, el 24 de julio de 1906 exactamente. Estaba en Llosás desde hacía cerca de una semana, con los rebaños y mis dos hijos mayores. Por la mañana temprano vi llegar andando a dos curas jóvenes, él y Arenas. Cada uno llevaba un zurrón en bandolera. Iban calzados como yo en verano, con alpargatas atadas con tiras. La suela no es gruesa, hay que estar acostumbrado a llevarlas. Es un calzado que no vale nada para la nieve, ya lo puedes suponer, y menos que nada para el hielo. Enseguida se empapan y resbalas con mucha facilidad. ¡Está claro que tampoco llevaban calcetines…! Me preguntaron si podían dejar sus zurrones en mi cabaña, hasta que descendieran del Aneto. Les tomé por locos. ¡Nada de piolet, nada de cuerdas, nada de guía, nada! Y allá se fueron los dos, en alpargatas. A duras penas. A duras penas pude decirles que allá arriba había glaciares… Mis hijos les siguieron con la vista hasta que desaparecieron y pasaron toda la tarde esperando su regreso. Y bien: no solo llegaron a la cima sin andar mucho por los glaciares –me explicaron luego–, sino que luego bajaron sin atravesar el Puente de Mahoma, siguiendo la cresta de Llosás hasta encima de mi cabaña. Como los niños no les esperaban por ese lado, no se dieron cuenta de que estaban aquí hasta que llegaron. ¡Verdaderamente, Dios les acompañaba, como tú dices! Como es natural, no estaban muy frescos cuando terminaron. Se echaron sobre las reducidas pitanzas que llevaban en sus zurrones. Les dije que iba a ordeñar una de las vacas que había parido para que, por lo menos, bebieran leche para completar su condumio. ¡Hombres fornidos como esos tenían que comer! Como querían regresar a Benasque antes de que anocheciera, me dieron las gracias y se fueron. Al día siguiente tenían que celebrar misa para la fiesta de San Jaime. ¡Por eso sé que su loca ascensión fue el 24 de julio! Yo también bajé con mis chicos al día siguiente, ¡pero con mulas, no a pie!

Cuando, durante la misa, le conté todo eso a José, éste esperó a que terminara la ceremonia y, aunque se tratara de curas, les dijo que eran unos inconscientes. Entonces aún no les conocía. ¿Sabes?: Sayó nunca jamás toma a la ligera los riesgos que entraña la alta montaña; por eso es un guía muy solicitado y excelente. Tiene una clientela que le es fiel. Algunos de sus clientes, con el tiempo, se han convertido en sus amigos… Volviendo a Oliveras, José le ve frecuentemente ahora y creo saber que entre ellos ha surgido un aprecio amistoso […]. Hace dos años que le vi de nuevo; bajaba de Ballibierna. Se detuvo para saludarme. Aquel día llevaba buenas botas de montaña. Los años y Sayó le han hecho entrar un poco en razón”.

Para que luego digan que los escritores pirineístas nunca se han preocupado por conocer la perspectiva local. O por darles voz a los nativos, aunque fuese desde sus ficciones.

En fin; antes de acudir a algún acto de las fiestas del Pilar, dejaré en el aire un ruego con tono, más que humilde, monacal… Por favor, señor responsable del Proyecto Tresmiles en Benasque: usted que todo lo puede en el cotarrillo toponimista del Alto Ésera, modifique el nombre de ese hombro tan resultón. Que, tras la purga de dientes, descalzos y curas catalanes, el resalte adquiera todo su esplendor y musicalidad como la “tuquetica de la Crus Santica”. Aunque sea por la salvación de algún alma desnortada…

13 Comentarios

  1. Ay: ¡se me había escapado el detalle, Hugo! Entonces, tendré que tragarme mis críticas, dado que la Lista Soro puede ser un intento de pillar financiación para nuestras arcas autonómicas. Lo que, seguramente, implicará que llamen a alguno de los dosmiles como pico de la Coca-Cola, como ya avanzara Aymard en su día… ¿Habrá también marcas de cava o de brandy presentes? ¿Y un pico dedicado al Anís del Mono…?

  2. Oye Alberto: si tu tienes mano con ese que dices que se ha organizado los Tresmiles del Valle de Benasque, es mejor que sigan con las gaseosas del Aneto. Que las demás cimas satélites sean junto con la Tuca de la Crus, la Tuca de La Casera y la Tuca de La Pitusa.

  3. Ya lo veo, ya lo veo, Adrián: en lugar de los Montes Malditos o del macizo de la Maladeta, como hasta ahora, podrían poner en esos “mapas nuevos” que deben de estar a punto de comercializar, algo así como las “Tuquetas dero Gasiosés”. Y todos a beber gaseosa en torno al Aneto, imagino que mezclada con whisky (del Somontano/Semontano de Balbastro) o con Ginebra (del Bajo Cinca/Baix Zinca). Eso sería toda una política de promoción del turismo pirenaico como mandan los cánones: vendrán a subir nuestras cimas “agaseosadas” incluso desde Nueva Zelanda. Para troncharse de risa desde allí arriba, vamos…

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