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Un ruso en el Gallinero

Tras su exitosa experiencia de la Maladeta, Friedrich Parrot tenía prisa por rematar el cruce oeste-este del Pirineo antes de que cayeran las primeras nieves. El 5 de octubre de 1817 dejaba Luchon con el objetivo en mente de contornear de esos Montes Malditos que acababa de visitar. Sobre todo, deseaba conocer el límite de las nieves perpetuas al sur del gran macizo benasqués. Esta vez llevaría como compañeros al boticario de la villa balnearia francesa y a un par de guías locales. De dos en dos, traspasaron la muga por lugares diferentes.

Merece la pena la traducción de esta parte del viaje del inquieto médico, no del todo difundida en nuestra tierra. Nos centraremos especialmente en las impresiones recopiladas por el germano-ruso en la vertiente aragonesa:

“El [farmacéutico] señor Boileau no me acompañaría en mi salida desde Bagnères-de-Luchon: como yo deseaba dirigirme a Benasque por el puerto de Oô, él prefirió el itinerario más corto y sencillo del Portillón de Benasque, para utilizar ese sendero que lleva al Plan d’Están que ya he descrito [en la incursión de finales de septiembre] y, seguido, rodeando la Maladeta por el oeste, bajar por el valle del Ésera hasta Benasque.

”Como guía especial me había recomendado al joven Martre, un hombre robusto tanto de cuerpo como de espíritu. Me despertó el 5 de octubre a las 3:00 h y nos pusimos en marcha. Mientras tanto, el cielo, sereno en un principio, se cubrió, y Martre comenzó a expresar sus reservas respecto a la posibilidad de cruzar ese puerto de Oô que acaso era, si no el más elevado, sí el más peligroso de los puertos del Pirineo. Conocía bien todas las dificultades, pues lo había atravesado con frecuencia para comerciar, e incluso lo llegó a cruzar una vez durante el mes de noviembre, con grave riesgo de su vida […].

”Más allá del Lac Glacé [de Oô], tanto la senda como las señales se interrumpían, por lo que pude confirmar el perfecto conocimiento del terreno que tenía mi compañero: me guió con seguridad a través de este laberinto de rocas y nunca dudó, ni siquiera cuando se emocionó al pensar en esa mujer que había quedado en su hogar.

”Dejamos a la izquierda el lago para elevarnos suavemente a lo largo de un nevero que se extendía entre sus orillas y los roquedos de Las Pujeolas [Spijeoles], y así llegamos al puerto de Oô, que conforma a una altitud de 2.931’5 metros la frontera entre Francia y España.

”El paso resulta estrecho y está formado por bloques rocosos. Las brumas recubrían todas las montañas de los alrededores, por lo que no permanecimos allí sino el tiempo necesario para recuperar nuestras fuerzas mediante un ligero almuerzo, pues era exactamente el mediodía, y seguido descendimos desde la cresta central del Pirineo hacia los valles españoles. Ya en la vertiente sur, todavía fue preciso que atravesásemos un neverito formado, al igual que en el lado meridional de la brecha de Rolando, por nieve estacional: alcanzaba una cota de 2.702 metros, y difícilmente se podía incluir como perteneciente a la verdadera zona de nieves eternas, a pesar de que en esta vertiente no había crestas, siquiera las más altas, que mostraran trazas de nieve […].

”En el costado sur del puerto de Oô constaté de nuevo, a una altitud de 2.247 metros, el límite superior de los abetos, que eran pequeños y delgados. La pendiente descendió enseguida, de oeste a este, hacia un valle llamado Astós [Estós], cuyo nombre procedía de una alta montaña, la de Astós [Posets/Llardana] que aparecía frente al puerto de Oô y al sur, igual que la Maladeta se muestra frente al Portillón de Benasque. La de Astós, lo mismo que me había parecido la cima de la Maladeta, tenía el aspecto de una poderosa meseta abrupta que presentaba en sus pendientes septentrionales algunos glaciares considerables. No tenía tiempo para escalar dicho macizo, tan interesante por su gran superficie, único en los Pirineos. Así pues, seguí este valle recubierto de pastos, a la salida del cual, hacia Benasque, las vertientes llegaban a una altitud de 1.500 metros […].

”Cuando salíamos de esta garganta estrecha para penetrar en el ancho valle del Ésera, tuvimos el gran placer de percibir a lo lejos al señor Boileau, quien, junto con su guía [cuyo nombre no cita], bajaba de la vertiente occidental de la Maladeta para entrar en el mismo valle. Llegamos casi al mismo tiempo a Benasque; eran las 17:00 h […]”.

Las peripecias del cuarteto foráneo en la capital del Alto Ésera no dejarían de generar anécdotas pintorescas. Sin embargo, hoy nos ceñiremos al lado más montaraz de la crónica. Por ello, situemos a Parrot en casa del alcalde de la Villa, con el pensamiento puesto ya en su siguiente objetivo:

“Nos sirvieron el té. El regidor me preguntó sobre mi familia y otras cuestiones relativas a mi viaje. Logré arrancarle una sonrisa simpática cuando le informé de mis intenciones de intentar al día siguiente la ascensión de una montaña cercana, el Gallinero, con la finalidad de determinar con un  simple barómetro la altitud de Benasque respecto al nivel del mar, una empresa de la que le prometí que le transmitiría su resultado […].

”El Gallinero es una montaña aislada que se halla al este de Benasque pero, tan próxima a la villa que resulta factible subir en dos horas hasta su cima. Sin embargo, nosotros lo hicimos en tres, puesto que el médico [de Benasque], un hombre de cierta edad, nos acompañó a caballo.

”Desde su cumbre, que se eleva a una altitud de 2.762 metros, percibí el reverso sur de la Maladeta, por lo que no me privé de dibujar un croquis que da una idea fiel de la estructura de esta montaña y, sobre todo, del límite de sus nieves. En él se constata que la vertiente meridional de la Maladeta pertenece en parte a la región de las nieves eternas. Toda la amplia extensión que lo separa del pico de Aneto aparece recubierta por una nieve que, por lo que dicen los naturales del país, jamás se funde […].

”Sin volver a Benasque, descendimos directamente por el sur, y llegamos a las 19:00 h al pueblo de Castechon [Castejón de Sos], donde de nuevo hallamos en casa del farmacéutico del lugar un amable asilo [como en Benasque]. Sin embargo, esta forma de viajar pronto me resultó muy molesta, debido a las pérdidas de tiempo que implicaba: las leyes de la hospitalidad exigían que no abandonásemos la casa por la mañana sin antes comer, y como las más de las veces dicha comida tenía lugar en presencia de sus moradores, nunca fue posible salir antes de las 8:00 h”.

Aquí nos despediremos, por el momento, del correoso Johann Jakob Wilhem Friedrich Parrot, quien se aprestaba a proseguir su avance hacia el este, rumbo a Vilaller…, y al Mediterráneo. No sin antes servir la anotación que Louis Le Bondidier brindara respecto a su ascenso al Gallinero:

“Tal y como dijo después Russell, su cima es un jardín. Este pico fácil, sin duda ya había sido ascendido, al menos, por los pastores, pero el texto de Parrot constituye la primera descripción de un ascenso”.

En cuanto al célebre barómetro del médico, no dejaría de registrar cotas durante su periplo por la Alta Ribagorza. A saber: Benasque (1.170’30 metros); el pico del Gallinero (2.762’38 metros); Castejón de Sos (947’15 metros); Las Paúles (1.480’24 metros)…

Sin embargo, nuestro germano-ruso nunca regresó para visitar el Aneto, el verdadero Monarca del Pirineo. Ni la sugerente cima de los Posets/Llardana… El 27 de octubre de 1817 había completado su viaje científico entre Saint-Jean-de-Luz/Donibane Lohizune y Canet: unos 974 kilómetros. Y obtenido una diferencia entre mares de 4,10 metros tras su cruce longitudinal de la cordillera en cincuenta y tres días; de ellos, cuarenta y dos etapas de marcha a pie.

De forma habitual publicaba sus eruditos artículos en revistas serias germanas. Así, en 1823 editaría en Berlín cierto Reise in den Pirenäen, el libro donde narraba su aventura en dicha cordillera. Entre sus páginas, de estilo algo parco y carácter marcadamente de ciencia, destaca la belleza y perfección de las panorámicas dibujadas por Parrot gracias a un dispositivo de su invención. Un texto que fue catalogado entre los veinte más raros del pirineísmo. Tras consultar uno de estos ejemplares, el conservador del Musée Pyrénéen, Le Bondidier, planteó una propuesta en los años cuarenta del siglo pasado que prosperaría poco:

“El alpinismo pagó su deuda [con Parrot] otorgándole el nombre de Parrotspitze (4.463 metros) a la quinta punta del Monte Rosa por orden de altitud, entre Zermatt y Alagna. El pirineísmo todavía no ha pagado la suya. Debería hacerlo. Puede hacerlo mediante dos maneras que se complementan.

”La primera consistiría en darle el nombre de Parrot a alguno de los puntos geográficos de la cadena [pirenaica]. La cosa es fácil; casi sería de rigor. La porción del macizo de los Montes Malditos comprendida entre el collado Maldito y el Diente de Alba, designado bajo el nombre de conjunto de Maladeta, se compone en realidad de tres puntas: la Maladeta propiamente dicha (3.312 metros), un primer pico Occidental (3.204 metros) cuya arista se destaca hacia el sur hacia el collado Cordier y que se termina sobre el ibón de Cregüeña y el pico de Le Bondidier, y un segundo pico Occidental (3.187 metros) que delimita un cañón hacia el norte.

”Ningún otro topónimo podría resultar mejor que la conversión del primer pico Occidental (3.204 metros) en el pico de Parrot. El nombre de Cordier, que fue otorgado al lago que se encuentra inmediatamente por debajo y al sureste de la Maladeta (3.312 metros), y al collado abierto al sur del pico de Parrot, pudiendo completar este homenaje a la historia pirineísta de esta parte del macizo dándole al segundo pico Occidental (3.167 metros) el nombre de pico de Charpentier, recordando al geólogo que fue el primero en llegar a la cresta de la Maladeta, un 10 de septiembre de 1811 […]. Se podría objetar que Parrot no subió a su punta, sino a la vecina. La tradición no exige en absoluto que el punto geográfico haya sido alcanzado por aquél a quien se le da su nombre. Cordier nunca fue al lago de Cordier, lo mismo que Ramond, quien no subió al Soum de Ramond [ni él mismo al pico de Le Bondidier]”.

Ningún caso le hicieron a este estudioso del pirineísmo, quien al menos sacó adelante su segundo reconocimiento en favor de Friedrich Parrot: a partir de un ejemplar de su obra de 1823 que perteneció en vida a Lucien Briet, Louis Le Bondidier lo tradujo del alemán al francés. Un trabajo editado algo tarde: cinco años después del fallecimiento del fundador del Musée Pyrénéen.

Por lo demás, la ordenación clásica del cordal de los Occidentales acabaría con esta nomenclatura, en sentido este-oeste, según los responsables de la cartografía que nos llegaba con el sello de Made in Aragón: Maladeta (3.308 metros), pico de la Rimaya (3.256 metros), pico Cordier (3.263 metros), Maladeta Occidental o pico Sayó (3.211 metros), punta Delmás (3.158 metros)…

El sector ha quedado (momentáneamente) trastocado tras la irrupción en los Montes Malditos de la pintoresca Lista Soro. Por lo que parece, debido al capricho de uno solo de sus toponimistas, que ha hecho y deshecho a placer. Según sus ideales políticos y su ego, vamos…

  1. La falta de pudor en todo este asunto me resulta clamorosa. Pero espera, Xavi, que todavía veremos nuevos alardes: no me extrañaría nada que, más pronto que tarde, el Gobierno de Aragón largase a su Comisión Toponímica alguno de los premios de finales de año…

  2. Cuestión ardua la toponímica… que suele resolverse mediante la aceptación real y masiva de los bautizos propuestos. Lamentablemente, cuando la iniciativa es parcial, carente de base y preconizada por individualidades o mínimos grupos, corremos el grave riesgo de que prospere cualquier apelativo “sin tres ni revés”. Confiémos en que tal caso sea realmente excepcional y la razón se imponga una vez más.

  3. En efecto, José: no conocen la historia del pirineísmo quienes están tratando de imponer sus ideales políticos. Máxime, cuando lo hacen por las bravas… En el otro extremo del péndulo, ya hubo un “Mallo Francisco Franco” que fue barrido por la historia. Aunque se tarde un poco (no creo que la Lista Soro sobreviva a las siguientes Elecciones Autonómicas), los tresmiles aragoneses quedarán libres de estos brochazos tan burdos. Con sus nombres tradicionales, los que ha aceptado el colectivo montañero a lo largo de un proceso de dos siglos de trayectoria, esperando la doble nominación en los casos en los que algún investigador serio demuestre su procedencia antigua…

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