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Estos días algunos miembros del colectivo pirineísta andan preocupados por lo que sucede en mi tierra. No les faltan motivos: en el mes de febrero se anunciaba que, tras una añada (tan solo) de trabajo, cierta Comisión Asesora de Topominia de Aragón tenía preparado un listado, esperemos que provisional y revisable, con los nombres oficiales de las principales cumbres de nuestro cacho de cordillera. De los ciento cincuenta tresmiles que se contabilizan, concretaba una nota de agencia no demasiado aclaratoria. Pero en la decena de ejemplos de montañas que allí se citó, a modo de adelanto promocional, se vertieron afirmaciones muy discutibles…

Fuera de lo difundido por los medios, ignoro (felizmente) la identidad y metodología de los, sin duda, eruditos del Proyecto Tresmiles que se han ocupado de conducir este asunto tan complejo donde, salvo que se opte por la chapuza, jamás hay soluciones unitarias o simples. He sostenido en más de una ocasión que la toponimia de alta montaña se presenta casi siempre como un escenario lleno de minas: cualquiera que haya realizado sus modestas labores de campo o de rata de biblioteca lo sabe. Es un alivio quedar fuera de semejantes marronazos, que suelen llegar cargados de ligereza o de tintes ideológicos. Aunque detrás de ellos ande la Dirección General de Ordenación del Territorio y la Dirección de Política Lingüística del Gobierno de Aragón. Así, mucho me temo que será una lista de corte politizado. Servida con los aliños de la Chunta Aragonesista, que allí milita el Consejero promotor del guiso.

Pero sigo ya con mi entrada, un tanto a ciegas en cuanto a la naturaleza exacta de los cambios que tratarán de introducir en nuestro nomenclátor montaraz los nuevos revisores. Espero que no lleguen con las maneras de otras iniciativas recientes como la de la exótica aragonesización del Mon Perdito…, un vértice conocido abrumadoramente como Monte Perdido en el universo hispano, tras su designación como Moum Pergut por los pirenaicos de finales del siglo XVIII. Al menos, estos sucesores del Equipo Buysé de los años ochenta han avanzado que aceptarán los nombres que gocen de tradición entre el colectivo montañero. Algo me dice que solo en los casos que a ellos les apetezca. Acaso traten de obtener así cierta aprobación entre las almas cándidas de nuestro gremio, para que no se sientan del todo agredidas… En el embrollado asunto de la toponimia de las cumbres, quienes más las han frecuentado en los últimos dos o tres siglos han adquirido ciertos derechos de designación, aunque sea por su uso continuado. Y me consta que los seguirán ejerciendo.

Por lo demás, los urbanitas españoles llevan bastante tiempo tratando de aclararse en cuanto a las cotas y denominaciones de los principales vértices del Pirineo. A poco que rebusquemos, aparecen listas muy tempranas. La más antigua que he hallado se publicaba, sin detalle de autoría alguno, dentro de la “Noticia de las principales montañas del mundo”, en el número 7 de El Instructor (julio de 1834). Su apartado sobre los “Montes Pirineos” señalaba ya treinta y seis cotas (en pies castellanos, equivalente cada uno a 0’278 metros) que incluían puertos, lagos y glaciares. Me centraré solo en sus picos, de los se daban veintisiete, servidos más o menos de este a oeste. Así y todo, he preferido ordenarlos por altitud, añadiendo alguna leve anotación que ayude a los profanos a identificarlos:

[1] Pico de Netou [Aneto], el más alto de los Pirineos, 12.500 p.
[2] Pico Posets, 12.400 p.
[3] Mont Perdu [Monte Perdido], 12.250 p.
[4] Vignemale, valle de Cauteretz, 12.000 p.
[5] Pico de la Cascada [¿Marboré?], 11.800 p.
[6] Montcalm, 11.700 p.
[7] Pico de Estats, 11.650 p.
[8] Pico Cambielle [Campbieil], 11.650 p.
[9] Pico Largo [¿Long?], 11.600 p.
[10] Carabioules [Crabiules], valle de Lys, 11.500 p.
[11] Monte de Troumouse, 11.500 p.
[12] Pico de Soube [¿Balaitús?], 11.300 p.
[13] Maoupas, valle de Lys, 11.300 p.
[14] El Taillon, 11.200 p.
[15] Pico Fourcanade, 11.000 p.
[16] Pico de Serrera, 10.600 p.
[17] Pico de Rious, valle de Arán, 10.500 p.
[18] Pico de Arra Superior [¿Aratile?], 10.500 p.
[19] Pico de Aule, 10.500 p.
[20] Pico Pedroso, 10.400 p.
[21] Pico Lanoux, 10.300 p.
[22] Pico de Fonte Argente, 10.300 p.
[23] Pico Canigou, 10.000 p.
[24] Pico de Montvallier, 10.000 p.
[25] Pico Priga, 10.000 p.
[26] Monte Carbere, 9.500 p.
[27] Roca Blanca, 9.100 p.

Era una primera lista de caza de los objetivos montañeros en el Pirineo hispano. Con sus evidentes defectos e inexactitudes, quien sabe si debidos a fallos de imprenta. Procedente, sin duda, de algún trabajo generalista de la vertiente norte muy sencillo de identificar. Personalmente me emociona pensar que la prensa española ya surtía de estos datos a los posibles aficionados de 1834. Olé por nuestro gremio periodístico de entonces, que hizo lo que pudo en un terreno más que complicado.

Ese tipo de trabajos proliferaría en los periódicos peninsulares durante todo el siglo XIX. Al servicio tanto de los eruditos como de las, digamos, personas de acción o de espíritu curioso. En algún caso los textos llegaban firmados por personalidades internacionales como Moritz “Wilkorman” [Willkomm], a quien tradujo su “Relieve de los Pirineos” cierto ingeniero de minas llamado Antonio Álvarez de Linera. Unas cumbres más o menos ordenadas de oeste a este, de nuevo en pies castellanos y sin numerar, que se editaban en el número 176 de El Genio de la Libertad, un 22 de julio de 1856:

[1] Nethou [Aneto], 10.722 p.
[2] Posets, 10.584 p.
[3] Vignemale, 10.540 p.
[4] Mont Perdu [Monte Perdido], Tres Sorores, 10.482 p.
[5] Marboré, 10.370 p.
[6] Pico Taillón, 9.900 p.
[7] Pico Patoa [¿Batoua?], 9.400 p.
[8] Pico de Serrére, 9.090 p.
[9] Pico de Segnier, 9.074 p.
[10] Pico de Pedroas, 8.940 p.
[11] Pico de Fontargente, 8.662 p.
[12] Canigox, 8.606 p.
[13] Puy de Prigue, 8.552 p.
[14] Punta de Machimaña [¿Bachimaña?], 8.116 p.
[15] Pico de Auig [Anie], 7.728 p.
[16] Monseny, 5.224 p.
[17] Punta de Bondellas [¿picos del Infierno?], 5.083 p.
[18] Peña de Oroel, 5.063 p.
[19] Pico d’Os [¿Midi d’Ossau?], 4.461 p.
[20] Montserrat, 3.805 p.
[21] Monte de San Juan de la Peña, 3.441 p.
[22] Roca Corva, Gerona, 3.053 p.
[23] Monte Mola, Reus, 2.810 p.
[24] Monte Haya, Irún: 2.468 p.

He aquí otra relación de montañas pirenaicas que se ponía al servicio de quien quisiera usarla para desgastar botas… Seguiré repasando el material informativo con el que contaban nuestros ancestros de hace dos siglos, a través de la lista anónima sobre las “Cordilleras principales de montañas”, editada en la Guía de Forasteros de Madrid de 1872-1873. En ella se incluían no solo puntales, sino accidentes como la Brecha de Rolando y los puertos de montaña más característicos. Dado que dicho trabajo también abarcaba otras sierras ibéricas, contaría con cincuenta y siete cotas. Así, justo tras el pico de Mulhacén y el de La Veleta, llegaban nuestras starlettes pirenaicas, recién ingresadas en el sistema métrico decimal:

[1] Pico de Nethon [Aneto], 3.404 m.
[2] Pico de Posets, 3.367 m.
[3] Las Tres Sorores [Monte Perdido], 3.351 m.
[4] Villamana [Vignemale], 3.298 m.
[5] Pico de Estats, 3.114 m.
[6] Pico de Rius, 2.941 m.
[7] Montaña de Maranges, 2.913 m.
[8] Pico de Coitella [Cotiella], 2.910 m.
[9] El Puigmal, 2.909 m.
[10] Monte Collarado [Collarada], 2.889 m.
[11] El Tendeñera, 2.850 m.
[12] Pico del Port de Orla [Orlu], 2.803 m.
[13] Picos del Gallinero, 2.750 m.
[14] Pico del Cou de Jon, Cadí, 2.535 m.
[15] Peña Prieta, Cadí, 2.529 m.
[16] Peña de Curavaca, Cadí, 2.502 m.
[17] Peña del Espiguete, 2.433 m.
[18] Pico de Añalarra [Anie/Auñamendi], 2.348 m.
[19] Mesa de los Tres Reyes, 2.300 m.
[20] Pico de Orij [Ori], 2.017 m.
[21] Peña Labra, 2.002 m.

A tenor de lo hasta ahora encontrado (insisto en que sin gran esfuerzo), parece que las montañas sí que interesaron a nuestros compatriotas decimonónicos. En ciertos casos, como en esas “Alturas de España” de la Revista Popular del 9 de enero de 1881, se incluía algún dibujito alusivo muy divertido… Con frecuencia se repitieron estos trabajos, como en la clonación de la lista de 1872-1873 de las “Alturas sobre el nivel del mar” que se sacaba desde la Revista Popular del 14 de marzo de 1886. Cerraré ya este viaje en el tiempo con la relación de Horacio Bentabol y Ureta sobre las “Cotas pirenaicas sobrepasan los 3.200 m”, aireada desde el Boletín de la Comisión del Mapa Geológico de España de 1898…, con cierto aromilla a Lucas Mallada:

[1] Pico de Aneto, 3.404 m.
[2] Pico de Lardana [Posets], 3.367 m.
[3] Tres Sorores, Mont Perdu [Monte Perdido], 3.351 m.
[4] El Marboré, 3.322 m.
[5] Viñamala o Camachivosa [que no Comachibosa], 3.298 m.
[6] Pico de Alba, 3.280 m.
[7] Quijada de Pondiellos [picos del Infierno], 3.208 m.
[8] Pico de Moros [Balaitús; confundido con el Palas], 3.146 m.

Va a resultar que los españoles del siglo XIX, sin llegar a la excelente información manejada por sus colegas del norte, no eran tan pasivos en cuanto al nombre y la cota de las cumbres pirenaicas. Veamos qué hacen ahora los nuevos alistadores de listas (¿listas…?). Están a tiempo de rectificar, de trabajar duro sin que los políticos les acucien y de servir, cuando sea, estudios bien documentados y mejor razonados que toquen todos los palos: los testimonios del pasado tanto de montañeses como de montañeros, las tradiciones pirineístas, los documentos del catastro municipal, los mapas y legajos antiguos… No solo cuatro encuestas recientes obtenidas de charla en un bar.

Por mi parte, estoy deseando emplear un listado serio. Nada de listas tontas. Es lo menos que se merecen nuestras montañas.

33 Comentarios

  1. Hola otra vez, Xavi…
    Seguro que, desde Sort, estos “pifostios mañolácticos” te resultan, como poco, pintorescos. Como curioso tiene que parecer que ahora se les destine el lado despótico de unas canciones protesta a quienes, sin duda, las cantaron con fervor durante los lejanos, muy lejanos, años de su juventud; las más “clásicas”, se entiende.
    Por lo demás, no te preocupes por llegar al medio centenar de comentarios. Esta “Topo Serie” tendrá, al menos, dos secuelas más. Así envío (a quien quiera recibirlo) una especie de tutorial benigno que pueda servir como “guía del toponimista extraviado”. Todavía estamos a tiempo de evitar el lío que se cierne sobre el “Proyecto Tresmiles”.

  2. Hola de nuevo, Alberto… Pues sí, la verdad es que el tema es un rato pintoresco… De cualquier modo, seguiré las nuevas entradas de la serie topolina con mucho interés… Gracias de antemano por tu tutorial…

  3. Enseguida lo cuelgo, Xavi… Recurriré al trabajo de un toponimista “pata negra” que, a mi entender, era trabajador y no estaba politizado, ni tenía prejuicios contra el mundo montañero cuando estudió los nombres de las regiones altas de su tierra a lo largo de treinta-cuarenta años. Más que otra cosa, para mostrar a los colegas de nuestro gremio que son posibles los estudios toponímicos de un modo que, al menos a mí, me parece digno de aplauso. Por amor al país de sus ancestros, dedicando tiempo y talento. Lo haré con espíritu constructivo, por si al Gobierno de Aragón le da por rectificar, dicho sea con cierto escepticismo. Visto el avance de lo que han logrado en un año de trabajo, me preocupa el espectáculo que pueden patrocinar mis paisanos en cuanto aireen el resto de la lista y arranquen sus “plebiscitos montañeses”. El desaparecido erudito al que aludo brindará, a quien quiera verdaderamente preservar este tesoro de los nombres de las montañas, su “manual para toponimistas descarriados”…

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