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¡Se acaba de conquistar el Aneto!

Me veo obligado a entonar un sonoro mea culpa. Porque quienes, en la vertiente sur del Pirineo, rebuscamos entre sus viejas crónicas hemos sido un tanto vaguetes y comodones. Puesto que nuestros vecinos del norte llevaban bastantes años armando su propia historia, con frecuencia resultó mucho más facilón apoyarse en los frutos de dichas pesquisas que efectuar las propias. Salvo honrosas excepciones que todo el mundo conoce, claro… Sinceramente confío que esta tendencia remolquista cambie, pues estoy seguro de que existe material montañero escondido por ahí, en nuestro propio solar, esperando para aflorar a la superficie.

Como ni Henri Beraldi ni Jean Escudier, muy gabachos ellos, se ocuparon del asunto, en tierras hispanas se ignoraba incluso la fecha de cuándo se conoció aquí la noticia de la primera visita al Techo del Pirineo de la que se tuvo certidumbre. Sin embargo, ésta llegó a nuestros tatarabuelos con cierta puntualidad y notable precisión. Para, de inmediato, dormir en ese sueño bochornoso de las historias que a nadie interesan. Al menos, durante unas treinta y seis añadas, hasta los tiempos del geólogo oscense Lucas Mallada. En Francia el relato de Platon de Tchihatcheff debutó en el Journal de Toulouse del 28 de agosto de 1842, tras su lectura en la Académie Royale des Sciences, Inscriptions et Belles Lettres tolosana de diez días atrás.

Aunque seguramente habrá otros artículos similares por ahí, agazapados en los archivos españoles, hoy recurriremos al número 6 de la segunda época del Eco del Comercio, en su edición de Madrid del martes 6 de septiembre de 1842. Un diario cuya suscripción mensual era de 20 reales y cuyos ejemplares sueltos costaban 10 cuartos. Había en él apartados de “Noticias oficiales”, “Noticias extranjeras”, “Noticias nacionales”… En este último, por ejemplo, se hablaba de que Massanet de Cabrenys “acaba de ver con admiración un aguacero como jamás se había vislumbrado”, o que en Zaragoza había tenido lugar “la última pendencia entre los mozos Mañoru y Mendigorreta”. El referido periódico incluía un folletín por entregas, “El verdugo del rey”, y parecía deleitarse con ciertos asesinatos horrorosos como el acontecido en la villa aragonesa de Peralta:

“Isabel Orduña, joven de once a doce años, fue ahogada por Brígida Carca, (alias) la Gisparias, su casera, que rayaba en los cuarenta, asiéndola entre una arca y la cama, privándola con un pañuelo de la respiración y traspasándole por el oído con una aguja de hacer media: así asesinada, le rompió las piernas para acomodarla en una canasta, con dos sábanas, una debajo y otra encima, ayudándola a cargar Gabriela Laguria, y al decirle que pesaba mucho, le contestó que llevaba tocino para vender en Funes: se dirigió al río Erga, cerca de Peralta, y la tiró al río, dando la casualidad de que un pescador que por gancho tenía uno de candil, observando el bulto, enganchó, y viendo ser un cadáver, avisó a la autoridad, que es el juez de primera instancia”.

Apartaremos las sanguinolencias de la época para centrarnos ya en ese párrafo en la página 3 de la sección de “Miscelánea” donde, sencillamente, anunciaban que “Se lee en un periódico del Mediodía de Francia”. Un trabajo que varios detalles delatan como extractado del largo relato de Tchihatcheff sobre su “Ascension au pic de Néthou, sommet culminant de la Maladetta en juillet 1842”, antes aludido. ¿Acaso el Eco del Comercio disponía de corresponsal en la ciudad de Toulouse…? En cualquier caso, así contaba la noticia el anónimo redactor, poco antes de enfrascarse en los, sin duda, más apasionantes resultados de la Lotería Primitiva Nacional:

“Los señores Ramond, Cordier, Chausenque y Arbanère, en sus diferentes publicaciones sobre los Pirineos, han manifestado que han sido infructuosas cuantas tentativas han intentado hacer para subir al pico de Néthou [Aneto], el punto más elevado de la Maladeta. Asimismo parece positivo, según las relaciones de los guías más experimentados de Bañeres de Luchon, que ninguno de los cazadores de corzas [sarrios o ixarsos] ha podido llegar a él, y que por unas pruebas que se han hecho, este gigante de los Pirineos se ha conservado indomable hasta el día.

”A pesar de unos antecedentes tan poco excitantes, el señor [Platon de] Tchihatcheff, antiguo oficial al servicio de Rusia [hasta 1832], acaba de practicar una nueva tentativa para subir a la cumbre de aquel nevado monte del Pirineo.

”El 18 de julio [de 1842] salió de Luchon con los cuatro guías Bernardo Ursul [Bernard Arrazau Ursule] y Pedro Radonet [Pierre Redonnet Nate], cazadores, de Juan Jorge Algaro [Jean Sors Argarot], vecino de Luchon, y Pedro [Jean-Pierre] Sanio, de Luz, y acompañado del joven francés, el señor [Albert] De Franqueville; y después de cuarenta y ocho horas de peligros y fatigas, llegaron el tercer día [20 de julio] por la vertiente meridional de la Maladeta hasta la cima de su pico más oriental, a pesar de la espesura de la niebla y violencia del viento que reinaba: el termómetro marcaba en aquel sitio tres grados centígrados sobre cero. Un torreoncito que construyeron con algunos fragmentos de piedras y que se divisa con el anteojo desde el puerto de Benasque acredita el sitio de su ascensión.

”El 23 del mismo julio volvió a emprender este viajero la propia empresa, provisto de instrumentos que el doctor Fontan [en Luchon] tuvo la generosidad de prestarle; y después de haber dormido al pie de la montaña, emprendió su marcha por la mañana por la gran nevera del lado septentrional, cerca de los sitios donde en 1821 [fue en 1824], [Pierrine] Barrau, el decano de los guías de Luchon, se sepultó para siempre en una grieta oculta al tiempo que conducía por aquellos sitios a los discípulos de la Escuela de Minas. Dando vueltas sin cesar durante tres horas entre las aberturas formidables de aquel hielo, formado sobre una nieve traidora que a cada paso amenazaba tragársele, logró el señor Tchihatcheff subir otra vez a la cúspide del pico, acompañado del señor Laurent, profesor de química en Burdeos, y de los mismos guías que la vez primera, excepto Juan Jorge Algaro. Resultó de la medida barométrica 3.370’9 metros por la mayor altura de la cumbre; esta cifra difiere 34 [33’1] metros de la de 3.404 metros que se obtuvo en la general que se ejecutó de los Pirineos en 1825, 1826 y 1827 por el coronel Coraboeuf. La diferencia entre los resultados de la del coronel y la del señor Tchihatcheff puede atribuirse en su mayor parte a la naturaleza de los instrumentos de éste, cuya construcción y precisión no se hallaban exactamente calculadas por medio de operaciones hipsométricas, así que a las vicisitudes que han podido sufrir en una ascensión de tal naturaleza. Se dice que este viajero prepara una obra para el Instituto de Francia [publicada del 6 al 27 de octubre de 1842], en la que dará cuenta de todos los hechos que ofrecen los resultados de su expedición”.

En efecto: hasta el compendio geológico de la provincia de Huesca firmado por Lucas Mallada en 1878, no he encontrado nuevas pistas sobre la trascendencia que tuvo esta doma del Aneto en tierras hispanas. Así y todo, conociendo a nuestros compatriotas, me cuesta mucho trabajo creer que nadie, absolutamente nadie, quisiese comprobar en España que la cúspide oscense podía ser visitada desde al menos 1842. Ni siquiera entre la colonia de veraneantes nacionales del Luchonnais. Otra cosa es que se animaran a ponerlo por escrito y airearlo por ahí, claro…

Ay, ¡qué caramba!: me hubieran venido muy bien estos datos cuando redacté mi Aneto, el Monarca del Pirineo (Desnivel, 2002). Por suerte, ahora existe Internet, siempre tan a mano para ampliaciones, retoques y enmiendas.

  1. Eso espero, EraNethou, de todo corazón… Algo más saldrá a la luz, desde luego, aunque nunca tanto como en Francia, donde el pirineísmo se extendió antes y con mayor fuerza… Sin embargo, seguro que los ratoncillos de las buhardillas o las quemas de las guerras carlistas o civil se han llevado por delante muchos testimonios de nuestro montañismo… Eso, en cuanto a los textos de particulares, que en lo que se refiere a la prensa hispana, muy pronto podremos ver otras muestras de interés por las montañas… Un saludo cordial y “anetero”…

  2. Alberto: ¿es una buenaocasión de comprar el Aneto Monarca del Pirineo verdad? Un saludo cordial de: Josemaría.

  3. Muchísimas gracias, José María… En breve te envío a casa un jamón (de Teruel, ya sé) por tus desvelos como representante literario emérito… ¡Y mis mejores felicitaciones navideñas…!

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