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La maldición de los trece comensales

No siempre se dispone de una segunda opinión sobre un accidente de montaña. Pero, en el Caso Pope de 1912, existe al menos otra reseña amplia sobre la búsqueda del cuerpo del joven inglés, aparte de la confeccionada desde el seno del Club Alpin Français. Más en concreto, un versionado procedente del célebre pionero del esquí, Arnold Henry Moore Lunn. Sería editado dentro de su libro sobre The mountains of youth (1924) y en el capítulo XII sobre “La búsqueda”.

Este texto repleto de dolor arrancaba con un recuerdo hacia ese Oxford Mountaineering Club del que Lunn fuera fundador en 1909. Una entidad que preparó una serie de Essays donde destacaba cierto trabajo dedicado a los “Montes de Inglaterra” de Hugh Pope, camarada descrito por nuestro cronista como un “escritor muy prolífico” que hacía gala de “buen sentido, madurez y escasez de presunción”. Seguidamente pasaría a narrar la anécdota de la cena maldita…

Aunque Arnold Lunn la sitúa en el verano de 1913, tuvo que celebrarse por fuerza en 1911 ó 1912. Sea como fuere, dicha pitanza fue en honor de un trío de escaladores del Cambridge Mountaineering Club: Geoffrey Young, H. O. Jones y George Mallory. Cuando descubrieron que se habían sentado a la mesa en número de trece, se produjeron las bromas macabras de siempre. En este caso alguna de las predicciones agoreras se cumpliría durante el estío de 1912, a resultas del fallecimiento en la montaña de Trevor Huxley, H. O. Jones [véase la entrada precedente] y Hugh Pope. Por no hablar del trágico fin, doce años después, de Mallory en el Everest… Es de suponer que Lunn tuvo alguna relación de amistad especial con Pope, a quien, como ya se ha adelantado, dedicó unas páginas de su obra retrospectiva sobre las Montañas de juventud. Aquí lo despojaremos de sus porciones poéticas, para centrarnos únicamente en el relato de los hechos:

“A finales del mes de septiembre de 1913 [en realidad, fue en 1912], Hugh Pope tuvo que trasladarse a Orthez para aprender la lengua francesa. El 6 de octubre salió de Orthez hacia Gabas, donde pasó la noche. Cuatro días después, un vecino de Gabas daba cuenta de su ausencia. El posadero reconoció que aunque, en efecto, el inglés no había regresado, no dio a este hecho importancia alguna. Partiría de viaje de negocios hacia España, reapareciendo al cabo de una semana, justo a tiempo de presentar la cuenta a la caravana de auxilio.

”La señora Pope se enteró de la desaparición de su hijo el viernes a última hora. El sábado, Geoffrey Young salía del sepelio de H. O. Jones cuando le entregaron el telegrama donde se informaba de tan mala noticia. El domingo, Claude Elliot y yo partíamos de Inglaterra para dirigirnos al Pirineo. Mientras tanto, Young había telegrafiado a Josep Pollinger, a Franz Lochmatter y a Josep Knübel, quienes dispusieron su viaje para el lunes siguiente.

”Llegué a Pau el lunes al mediodía; pocas horas después que Elliot. La señora Pope, la señorita Bloxam y el señor Snowden habían arribado el día anterior. Recibimos allí una eficaz ayuda a través del señor Falisse, miembro del Club Alpin Français, cuya destacada actividad fue muy bien acogida, pues contrastó con la inercia e ineficacia imperantes por todas partes.

”Pasamos la noche del lunes en Gabas, para salir a las 4:00 h. Nos acompañaban Falisse y dos guías locales cuyos conocimientos eran muy rudimentarios. Marchamos por un sendero abierto entre pinares negros que nos llevaría hacia un claro situado entre el pic du Midi [d’Ossau] y una de sus estribaciones. Nos detuvimos junto a una pequeña cabaña. Sobre nuestras cabezas se alzaban los dientes gemelos del pic du Midi sobre sus enormes y escarpadas moles.

”Nos resistíamos a pensar en que nuestra búsqueda resultase trágica […]. Utilizando los gemelos, rastreamos el pic du Midi sin hallar rastro alguno de Pope. Lo cierto era que no estábamos del todo seguros de que nuestro amigo hubiese estado en aquellos parajes, pues no dijo a nadie en Gabas adónde iba. Pero el Midi era la única montaña de la región capaz de tentar a un alpinista, pues Pope era algo más que un apasionado a las excursiones por las montañas: le gustaba buscar las zonas enriscadas para descubrir otras perspectivas poco usuales. Dado que nunca había visitado España, parecía factible que el romántico Sur le hubiese motivado a cruzar la frontera. Nos dijeron que le vieron salir con su saco de dormir, por lo que esta información falsa, además de complicar su búsqueda, provocó que extendiésemos de un modo exagerado la zona de nuestros rastreos, suponiendo que un hombre que lleva consigo su cama se propone llegar lejos.

”Por otra parte, parecía probable que se hubiera decantado por tentar estos dos picos. Los guías nos aseguraron que su cara norte, donde fue hallado más tarde, había sido registrada con minuciosidad. La verdad era que, por entonces, aquella montaña no era demasiado conocida, y solo Falisse había reconocido la base de sus paredes. Debido a lo que nos contaron los guías, creímos que lo más acertado sería reconocer su gran cara oeste por el entorno a sus dos picos.

”Empezamos a subir. Las sierras de España se elevaban hacia el cielo. El día aparecía muy despejado, y no se veía sombra alguna que enturbiase las líneas quebradas de montañas por el horizonte lejano. El paisaje de las cercanías parecía más adecuado para el dramatismo de nuestro cometido. Arribamos a un circo desolado de riscos ásperos cuya sombra se proyectaba sobre un caos de rocas. Ni la nieve ni el murmullo de las aguas del torrente disminuían la tristeza del lugar […]. Un águila atravesó el cielo y escuchamos los chillidos de otras rapaces mientras daban vueltas en torno a aquellas murallas. Se pasaban días enteros chillando, sin atreverse a acercarse hasta los cadáveres.

”Nuestros guías locales buscaron un atajo. Elliot y yo decidimos reconocer la cara oeste de la montaña. Sin embargo, el sueño y la falta de entrenamiento comenzaron a evidenciarse: habíamos llegado directamente desde Inglaterra, y no habíamos dormido como es debido ni en el tren ni en Gabas. De repente, Elliot me dijo que oía gritos del grupo de rescate. ¿Habrían hallado a Pope? Aguzamos el oído y gritamos, aunque nadie nos respondió. En el curso de aquella jornada tan larga, nuestros sentidos nos engañaron en diversas ocasiones. Algunas manchas amarillas sobre las paredes nos hicieron imaginar a un hombre tendido sobre las rocas grises. Cada vez que doblábamos un recodo nos asaltaba tanto el temor como la esperanza de hallar a nuestro amigo.

”Ya anochecía cuando iniciamos el regreso, por lo que nos pilló la oscuridad en el largo y sombrío barranco que llevaba hasta Gabas. Las estrellas no se veían debido a que unas nubes oscuras tapaban el firmamento. Nuestra linterna proyectaba pequeñas áreas de luz al fondo de las montañas, en tanto que el sonido monótono del torrente parecía querer enloquecernos […].

”Young y los guías suizos habían llegado ya, y partieron a la mañana siguiente para reconocer la cara norte del Midi [d’Ossau]. Elliot y yo cruzamos la frontera en coche para localizar cualquier picacho rocoso que hubiese podido tentar a Pope. Cuando regresamos al mediodía supimos que ya lo habían encontrado.

”Fue descubierto en la cara norte del Midi, bastante abajo. Se había precipitado desde una altura de noventa a cien metros, por lo que su muerte tuvo que ser instantánea. Todo parecía apuntar a que su desgracia se debió al desprendimiento de alguna roca.

”Knübel fue quien avistó el cuerpo de nuestro desdichado amigo. Se hallaba echado en el suelo y mostraba los brazos cruzados sobre el rostro, como si fuera un bañista que descansaba en una playa mientras tomaba el sol. Su cuerpo esbelto no revelaba herida alguna a simple vista.

”Los guías lo trasladaron hasta un prado que se abría en la entrada del barranco. Luego fue subido sobre un carro, donde le hicimos su mortaja con unas ramas de abeto […]. Más tarde me di cuenta de que la naturaleza realizaba por su cuenta cuanto podía para que a nuestro sencillo cortejo no le faltase cierta pompa funeraria. Por ambos lados del camino, los colores púrpura de las hojas caducas se confundían con el verde oscuro de los pinos, mientras pasaban por vistosas gradaciones. Los propios pinos simulaban estar adornados con el mismo fuego que los alerces, cuyos tonos dorados, mucho más claros, se asomaban entre otros árboles más oscuros de hojas perennes, logrando que parecieran el ondear de unas banderas. El otoño reservaba en las montañas del Sur su atuendo más fastuoso.

”Nigel Madan y Finlay, socios del Oxford Mountaineering Club, nos esperaban en Gabas. Habían llegado desde Inglaterra para unirse a nuestra búsqueda. Ambos fallecerían en la Guerra [de 1914-1918].

”El viernes enterramos a Hugh Pope en Orthez sobre una colina. Varios árboles velaban su tumba, situada frente a la alargada cordillera pirenaica. Me permitiré citar las palabras que dijo Geoffrey Young: Dejamos tras nosotros a un hombre excepcional, cuya juventud era prometedora. Por su entusiasmo insuperable, por el equilibrio de su carácter, por su mente cultivada y también por sus extraordinarias facultades físicas, era un gran deportista. En potencia, uno de los montañeros más grandes de su época y de todas las épocas”.

Cerraremos estas entradas con ese editorial con el que se despedía 1912 desde el órgano del CAF. El doctor Fayon auguraba cambios importantes en lo referido al rescate en montaña:

“No repetiremos nuestras observaciones sobre las causas de los accidentes acaecidos durante la campaña alpina de 1912. Aquí destacaremos la imprudencia grave de un alpinista solitario. Es cierto que Pope era un buen escalador cuando se encordaba con buenos camaradas, frente a esas dificultades que abordaba. Hemos expuesto en extenso las búsquedas realizadas para mostrar la insuficiencia de la organización que las llevó a cabo, a pesar del celo que puso en juego. La Sección de Pau del Club Alpin Français se encuentra conmocionada por el estado de las cosas y estudiará de inmediato una serie de medidas que faciliten la práctica del alpinismo en las regiones relativamente poco conocidas que se extienden entre Bious-Artigues y la cara norte de los dos picos del Midi d’Ossau, donde hay bosques vírgenes, caos grandiosos y roquedos soberbios donde se pueden practicar escaladas de una dificultad de primer orden”.

Fue una lástima que las actuaciones prometidas en cuanto al socorro de los accidentados tardaran en materializarse debido a esa guerra mundial que ya se perfilaba por el horizonte. Cuyos listados de víctimas iban a lograr que el número de fallecimientos de la añada negra de 1912 pareciese poco menos que irrelevante…