Y entonces llegó el Hombre del Saco…
Publciado por albertomartinez - 02/03/12 a las 04:03:42 pmDurante el segundo tercio del siglo XIX, las montañas de Andorra eran, para muchos, meros lienzos que daban el fondo a las óperas de moda. Y no lo digo solo por Halévy: a la colección se podía añadir “Le berger d’Andorre”, obra que aparecía dentro del Album chantant (1864), con música de Coppini y texto de Désombrages… Pero esa misma añada sucedió algo que cambiaría el concepto imperante sobre las cumbres del Principado.
Como avanzaba en el texto anterior, Charles Packe y Henry Russell exploraron el País del Pirineo en 1864. Dada la tendencia a la discreción del primero, se ignora si volvió a la zona. Mediático por vocación, Russell aireaba sus andanzas desde textos diversos, mas nunca reconoció otra visita a las tierras del Valira. Sin embargo, hizo mucho por la difusión de estas montañas desde Les grandes ascensions des Pyrénées (1866). En su Excursión 5, el trayecto “de Porté a Andorra por el port de Soldeu” quedaba de este modo desglosado:
“Desde el col de Puymorens, hay que descender gradualmente hacia el oeste-sudoeste. Recorremos las orillas del naciente río Ariège, que baja hacia la derecha en pos del L’Ospitalet o de Merens. Ascended por su orilla izquierda, primero hacia el sudoeste y luego al sur-sudoeste, dando la cara a unos picos descarnados a los que no les falta grandeza y que casi alcanzan los 3.000 metros. El fondo de la garganta: dejando entonces por la izquierda unas cabañas, el Ariège y el puerto de Framiquel (que también conduce a Andorra por otro camino más largo), hay que elevarse decididamente al oeste siguiendo unas zetas practicables a las caballerías. Ni un arbusto a la vista. Toda esta porción del Pirineo, rica en plantas raras, por lo general carece de bosques: no abandonamos los herbazales antes de los 2.800 metros. Se llega al puerto de Soldeu, amplio y excesivamente sencillo incluso a caballo. La vista por el lado de Andorra es confusa y limitada: un terreno demasiado atormentado; una aglomeración de picos poco o nada conocidos. Dejando a la izquierda un gran circo muy salvaje a cuyos pies brotan algunos abetos, descended hacia la derecha. Granito y abetos, muchos manantiales […].
”Pueblo de Soldeu, muy vetusto. Bellos bosques por la izquierda. Bajad hacia el oeste. Canillo, algo más agradable que Soldeu. Posee un albergue; como todos los de las poblaciones andorranas, es poco digno de la belleza del país que lo rodea. Sin embargo, aquí las vistas aparecen siempre veladas, encerradas dentro de los límites de la estrecha y profunda garganta del Valira, por donde desciende el río. En Canillo, es preciso pasar a la orilla izquierda y subir para evitar un paso malo que hay si se sigue bajando por la derecha. Es una especie de desfiladero. Encamp, un pueblo sin interés donde se cruza a la orilla derecha para volver de nuevo a la izquierda un cuarto de hora después. La garganta se estrecha y el sendero se embellece. Bojedales. Hay que seguir siempre el curso sinuoso del Valira para llegar a Escaldes, donde manan unas aguas calientes y sulfurosas […]. Se llega a Andorra la Vella, capital de la singular república del mismo nombre, poblada por unas mil almas como mucho, pintorescamente situada en un valle que hizo célebre el compositor Halévy […]. Es un país curioso para visitar en un día o dos, donde uno se siente pronto desplazado y con ganas de salir, cosa fácil en verano, aunque con frecuencia imposible en invierno si se quiere volver a Francia, pues los puertos del Ariège son muy elevados”.
Ay, ay, ay: también Russell terminaba emitiendo juicios severos sin apenas conocer el terreno que hollaba. Una actitud generalizada, en el caso andorrano… En fin; dentro de su Excursión 6, nuestro pirineísta servía la explicación del itinerario “de Andorra a Foix por el puerto de Siguer”. Vale la pena extractar las porciones deportivas desde El Serrat:
“Se pasa hasta la orilla izquierda. Los árboles desaparecen y la garganta vira hacia el norte. Anfiteatro absolutamente desnudo donde, sin embargo, crece la hierba: al oeste-noroeste, aparece súbitamente la imponente montaña de Rialb. Hay senda para caballerías. Port de Siguer: al norte, se despliegan las llanuras lejanas de Toulouse; al este, brilla muy cerca el bello Lago Blanc; y al oeste, se alza el pic de Rialb […]. Leyendo estas explicaciones largas y complicadas, se puede creer que se trata de trayectos difíciles y de montañas en las que, en solitario, uno se perdería inevitablemente. No es así. El hecho es que todas las excursiones por esta parte del Pirineo constituyen un verdadero placer para el montañero: saliendo de Andorra con una simple brújula y subiendo por cualquier garganta, dirigiéndose siempre hacia el norte, se puede llegar de forma infalible a Vicdessos o a Siguer. Solo es necesario ir armado de tiempo y provisiones. En cuanto a los peligros: estos no existen en los Pirineos al este de los Montes Malditos”.
¿Serviría de mucho la inclusión de estos dos accesos a Andorra dentro de la considerada como primera guía montañera del Pirineo? Posiblemente, no demasiado: la obra con la que debutó Henry Russell en la literatura pirenaica, resultó un fiasco comercial y se vendió poco. Tal vez resultaran más efectivos los párrafos que dedicó a estas peripecias dentro de la edición tempranera de los Souvenirs d’un montagnard (1878). En su apartado sobre “Pyrénées-Orientales, Ariège, Andorre”, incluiría un capítulo sobre “Le Rialp (2.903 m)” [pic de Rialb, 2.687 metros] que, sin duda, tuvo mayor repercusión. Así pues, regresaremos con él al Principado, para compartir sus planes iniciales de explorar “la única zona de los Pirineos donde quedaban grandes picos por ascender, cuyos nombres eran incluso desconocidos, en Francia al menos”. Después de haber repasado la historia de Packe, conozcamos ahora la versión russelliana:
“En 1864, tras haber subido en dos ocasiones el pico Carlit en el curso de una semana, visité Andorra con mi amigo Packe. Entramos por el este. Es decir: por las fuentes del Ariège y el port de Soldeu. Hallamos en la frontera picos muy descarnados que no esperábamos encontrar allí, con un aspecto orgulloso recordaba el Pirineo central. Deseábamos realizar algunas excursiones por el sur y el sudeste de Andorra, adonde acudimos para dormir. Pero, al no hallar para reponernos sino carne de cabra que recordaba el caucho y algunos huevos, nos marchamos al día siguiente por la mañana. Remontando al norte por Ordino (albergue aceptable) y Llorts el curso fogoso del río Rialb [Valira del Nord], nos dirigimos en dirección a Foix, donde ingenuamente confiábamos llegar por la noche. ¡Qué delirio! Debilitados por el hambre y abrasados por el sol, arribamos, ya muy cansados, a la aldea de El Serrat, donde la garganta se bifurcaba. Entonces subimos hacia la derecha, para acudir seguidamente hacia el norte. Así llegamos, describiendo una graciosa curva, a un anfiteatro de lo más salvaje y en tonos blanquecinos, aromatizado por una flor de un perfume tan embriagador como exquisito: el narciso, adecuadamente llamado poeticus. De improviso, por el oeste-noroeste apareció el imponente pic de Rialb, que ascenderíamos fácilmente por el sur al día siguiente. Sin embargo, la noche nos sorprendió al atravesar la frontera por el port de Siguer, y hubo que buscar dónde dormir. Charles Packe, sin saco ni manta, aprovechó una cabaña de pastores que puede que sea la más elevada de los Pirineos: se halla un tanto al norte del puerto, cerca de los 2.500 metros de altitud [tiene 2.329 m]. Es la altura del Hospicio del Gran San Bernardo. En cuanto a mí, dormí al aire libre dentro de mi saco, entre dos grandes montones de nieve y bajo un cielo que parecía ártico por lo glacial y negro que era. Me encontraba prácticamente rodeado por pequeños lagos helados, entre los cuales brillaba por el este el bello Lago Blanc, helado incluso en pleno verano.
”Dormí poco. Sin embargo, a pesar de una noche casi en vela, comenzamos la jornada del día siguiente con la ascensión del pic de Rialb [tiene 2.687 metros], una montaña elegante situada en la frontera, a unos dos kilómetros al oeste del port de Siguer, el collado que en ocasiones le ha prestado el nombre. Sus laderas meridionales son de una suavidad extrema: así, nuestra ascensión fue como un paseo sentimental a pesar de que soplara un viento furioso. Pero ambos estábamos muy cansados, y cuando, ya por la tarde, llegamos a Tarascon, después de uno de los descensos más interminables de los Pirineos, casi nos dormíamos mientras caminábamos. Además de tener que descender más de 2.000 metros de desnivel, la distancia era muy grande (sobre todo, cuando no se ha dormido) y el sendero resultó atroz. Era como una escalera resbaladiza. Pero nuestros ojos se consolaron con bellos lagos azules donde se reflejaban unas atrevidas agujas”.
Confirmado: el pic de Rialb sería la primera montaña andorrana cuya ascensión quedó documentada. Tanto en los Souvenirs de 1888 como en los de 1908, la narración de nuestro particular Hombre del Saco se sostuvo sin cambios. Esta tripleta de textos, sucesivamente corregidos y aumentados, tendría gran difusión en el pirineísmo galo. Además, desde éste, su libro principal, las alusiones de Russell hacia esa República Lejana que se cobijaba entre montañas, iban a ser tan numerosas como evocadoras:
“El amanecer fue algo maravilloso. Esta vez vi todo el panorama desde el Cotiella sin una sola nube, desde los modestos picos del País Vasco hasta las cimas de Andorra […]. Juegos de luz sobre este conjunto infinito de picos, de hielos, de colinas, de ríos plateados, de llanuras todavía en la sombra” (Cotiella, 1865).
“De cada mil turistas, sean decididos o no, que engordan todos los años las listas y los alborotos de Luchon, Cauterets o Bagnères-de-Bigorre, apenas diez dedican siquiera una hora o un pensamiento a las cimas tan nevadas como históricas, a los lagos y a las soberbias cascadas del Ariège, la Cerdaña o Andorra. Se ha creado una quimera: se cree que, entre la Maladeta y Perpignan, los Pirineos se convierten en montes de importancia secundaria. Sin embargo, no es así. Más allá de Luchon, la montañas todavía rasgan las nubes sin humillarse” (Bassiès, 1872).
“En el puente de Marc, el valle se bifurcaba: dejé a la izquierda el estrecho sendero hacia Andorra por el port de Arinsal, para virar a la derecha […]. Nuestros pulmones se dilataban con el aire fresco de la mañana: parecía como si alargaran la vida estas frías ráfagas que bajaban de las nieves de Andorra y del Rialb, sin haberse contaminado con nada humano” (Montcalm, 1872).
“A nuestro mismo nivel, no teníamos nada desde el Mediterráneo hasta el Aneto. Cataluña entera, Andorra y la Cerdaña se hallaban a nuestros pies, quemadas por el sol o blanqueadas por la nieve. Sus inmensidades daban una idea del infinito” (Estats, 1872).
“Divisé una cima árida y negra, una cúpula desconocida cuya altura debe aproximarse a los 3.000 metros y que creo que estaba en Andorra. ¿Sería alguna conocida de mi amigo Lequeutre, ese explorador modesto del amasijo inextricable de picos que ya no se cuentan, de tantos que hay, y que se erigen como millares de olas piramidales, entre el Ariège y Andorra?” (Mulleres, 1879).
“¡Qué luz! ¡Qué claridad! La vista alcanzaba unos doscientos kilómetros: ¡veía incluso Andorra!” (Gruta de Villa Russell, 1881).
“Teniendo en cuenta las vistas, que se extendían desde Biarritz hasta Andorra, y las poses tan teatrales de las pomposas cimas que las rodeaban, nos encontrábamos muy bien” (Col de Cerbillonar, 1882).
¿No parece que, para Russell, Andorra había terminado como una referencia inalcanzable y onírica? Quizás, quizás, ¿una especie de Sangri-La pirenaico…? En cualquier caso, su influencia enseguida se iba a notar. No hay más que observar los cambios producidos durante este mismo periodo dentro del entonces apodado Vademécum del Pirineísta… Así, en la edición de 1873 de la Guide Joanne, apenas de hablaba del País del Pirineo salvo para ventear las vaguedades y frases hechas de costumbre:
“Situado casi por entero en la vertiente meridional de los Pirineos, el territorio de esta República limita al norte con el departamento del Ariège, el puerto de Arinsal en el valle de L’Ospitalet; al este y al sudeste, lo limitan las montañas de Carol y de Urgell […]. Solamente las montañas de Andorra no están sometidas ni a levas ni a impuestos, y allí es libre hacer contrabando”.
En el terreno montaraz, Adolphe Joanne se limitaba a proporcionar un escueto listado de puertos para la visita desde tierras galas: Arinsal y Arbeille, con “senderos impracticables para las mulas y guía imprescindible”. En cuanto a los aptos para las caballerías, se reducían a Siguer, Bagnels, Fontargente, Soldeu y Framiquel. Naturalmente, también describía la ruta de la Seu d’Urgell. Y nada más que pudiera servir a los turistas inquietos…, salvo cortas alusiones a “la bella montaña piramidal de Combepédrouse” (sic), la “bella montaña de Rialb que domina al este el puerto de Siguer”, o “Sant Julià, dominado por el oeste por una gran montaña con desfiladeros rojizos que se diría un gran bloque de hierro”. En seis años, todo cambió. Para la edición de 1879 de la Guide Joanne, se habían tenido muy en cuenta las observaciones de Henry Russell, así como las de sus, hasta cierto punto, discípulos, Alphonse Lequeutre y Maurice Gourdon. No extraña que las recomendaciones montañeras para ese trayecto “de Vicdessos a Andorra por el port de Arinsal” de la Ruta 173, se hubieran incrementado considerablemente:
“[…] La subida a través de pastizales, de piedras desprendidas y, después, de nieves, resulta penosa pero no ofrece ningún peligro. Port de Arinsal, abierto a 2.700 metros [2.734 metros], en una arista de rocas en ruinas […]. Desde este collado, la vista es muy extensa, si bien, agarrándose a los salientes de las rocas, se puede subir fácilmente al pic de Bareytes [o pic del Pla de l’Estany, 2.859 metros], que se alza inmediatamente al oeste y desde donde se descubre un panorama mucho más grandioso. Al sur, se ve desplegarse como en un anfiteatro todas las montañas de Andorra… Por el costado oeste, se ven las pirámides de la Comapedrosa, de Medacorba y de Bonet […]; al este, se percibe por detrás de la cima de Tristaina una parte del valle de Ordino y, más allá, las cimas de Rialb y Serrera, de formas piramidales. Por el lado de Andorra, se baja en un principio por unos desprendimientos rocosos, y tras haber sobrepasado cinco pequeños estanques con diques de roca, se llega a la región de los pastos, donde discurre un sendero bien trazado […].
”Puig de Casamanya: bella y fácil ascensión, muy recomendable. Subida en cuatro horas, bajada en tres. Saliendo de Ordino, hay que elevarse desde el sudoeste hacia el nordeste, primero por la orilla derecha del río y, después, dejando dicho arroyo a la derecha, se toma un amplio camino de mulas que sube por un gran barranco… Collado de Ordino [coll d’Arenes, 2.538 metros]. Vista de los valles de Ordino al oeste, y de Canillo al este. Una larga loma recubierta de abetos sube hacia el pico. Los céspedes suceden a los bosques, y la subida se vuelve de una gran monotonía. No es sino en la base de la arista terminal cuando la escalada se vuelve más áspera. El Puig de Casamanya, vista panorámica muy interesante sobre Andorra […]: al sudoeste, el Puig d’Anclar, dominando Andorra la Vella; al oeste-nordeste se muestra el más alto pico de Andorra, el Puig de la Comapedrosa; al oeste-sudoeste, se alza el pico desgajado de Medacorba […]; al este-sudeste y cerca, en Andorra, el pic dels Pessons [o d’Ensagents]. Una vez de regreso al col de Ordino, se podría descender por el este a Canillo. También se puede subir, al nordeste, al Puig d’Estanyó, más alto que el Casamanya, desde donde la vista resulta extremadamente bella.
”Port de Siguer: inmediatamente al este de la bella montaña del Rialb, o pic del port de Siguer, donde el arroyo andorrano de Rialb tiene su nacimiento. Dirigirse hacia el sudoeste hacia un amplio collado, abierto de forma profunda en la cresta, y después, se contornea por la derecha un circo desértico sin subir ni bajar (flores raras). Desde ese collado, se ataca el pico por la vertiente este (pendientes fáciles). Pic de Rialb, vistas admirables: al sur se percibe Andorra […]. Es un excelente observatorio para examinar la cadena del Ariège y Andorra. Todo este país merece atraer la atención de los turistas”.
Finalmente, una aseveración amable sobre Andorra… Por lo demás, la obra del parisino Joanne prestó una atención especial, desde sus Rutas 171 y 173 de 1879, a los altos collados andorranos. Sus reseñas esclarecían alguna denominación múltiple de ciertos puertos: “Port del Rat, de Rat o de Auzat; port d’Arbeille, d’Albères o de Auzat; port de Fontargente o de Dincla; port de Bagnels o de els Peyréguils; port de Saldeu o de els Méringois”… ¿Se despejaban las confusiones? ¿O se complicaba más este rompecabezas a resultas de informar de que “los propios andorranos confunden a menudo el port de Framiquel [o d’Envalira] con el de Soldeu”? Pero sigamos… La Ruta 175 estaba reservada a la vía de acceso desde la Seu d’Urgell, así como a las consabidas generalidades culturales sobre el país. Resaltemos alguna frase:
“Casi todo el territorio de la soberanía de Andorra está ocupado por macizos montañosos: unos, revestidos de bosques de pinos, y encinas; otros, áridos y descarnados […]. Los recursos del país radican en la crianza del ganado, la explotación de los bosques, los escasos productos de sus forjas, el alquiler de los herbazales a los pastores catalanes y del Ariège, así como, sobre todo, del provecho del contrabando entre Francia y España. Desde hace algunos años, el cultivo de tabaco ha tomado una gran extensión […]. La educación pública está más extendida en Andorra que en el territorio de Urgell: las escuelas son gratuitas y la mayoría de los hijos de familias que algún día serán propietarios feudales, van a estudiar a Toulouse o a Barcelona”.
Desde la ultra-popular Guide Joanne de los Pirineos de 1879, las regiones altas de Andorra ya no resultaban tan misteriosas. Algunos de los hijos espirituales de Henry Russell las habían hecho suyas. Acaso tomaran en serio esa declaración de principios que su maestro realizó desde ese texto sobre los “Pyrénées” con el que se estrenaba el primer Anuario del Club Alpin Français (1874):
“[…] Termino este artículo, en el que he hablado de tantas cosas, a través de un ardiente llamamiento a los jóvenes franceses que no tienen una idea clara sobre qué hacer con sus energías, tiempo y dinero: que acudan a los Pirineos, donde el encanto y el misterio todavía imperan, y donde, por lo demás, tantas conquistas quedan por hacer; sobre todo, en la Cerdaña y en Andorra”.
Antes de disfrutar con esa conquista anunciada, conoceremos por qué a Henry Russell se le hubiera podido apodar como el Hombre del Saco…
9 Comentarios »
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¿Seguro que desde la cima del Cotiella se ven las montañas de Andorra y el Pais Vasco?
Este “Russell, ¿No se colocaría con algo?
Al “prive” sí que le arreaba, eso fijo.
Comentario por Jesús Vallés — 2 marzo 2012 #
Siempre se agradece cualquier texto de Russell. Muy interesante toda esta trama del saco.
Estaría bien que los amigos británicos le echasen un vistazo. Así se darían cuenta de que su Euklisia Rug, patentado en 1876, no es ni de lejos el primer saco, en contra de lo que ellos piensan.
Por otra parte al leer el nombre de Vicdessos no he podido evitar sonreír al recordar lo que decía Russell en Souvenirs: “De Foix a Vicdesoss [...] hay 31 kilómetros, y horribles diligencias, útiles para ser quemadas únicamente.”
Un saludo.
Comentario por Hugo Fdez. — 3 marzo 2012 #
Shivam
Marcus.soares
Enviado el 04/03/2012 a las 6:41
Hola!Gracias por pasarte por el blog. Es letatmonte cierto. De hecho, no pretendeda quejarme, sino me1s bien desahogarme.
Comentario por albertomartinez — 6 marzo 2012 #
¿Se ha notado mucho que en Zaragoza hubo “puente” ayer, 5 de marzo…?
Jesús: que Russell era fumador empedernido, es un hecho contrastado. Sin embargo, yo no me atrevería a decir que aspirara algo más, aparte de tabaco… Cierto que algunos viajeros por Extremo Oriente se traían como “souvenir” (envenenado) algunas costumbres “exóticas”, más o menos opiáceas… ¿Es posible que el imaginario Sherlock Holmes le arreara a los alucinógenos en plan “mira-qué-guay-que-soy”…? Como hasta 1960 o así, estos hábitos “snobs” no estaban tan demonizados como lo están hoy (con toda justicia), supongo que algo se hubiera sabido sobre un “Russell fumeta”… Por lo demás, creo que ya he expuesto mis teorías sobre la degradación, con cada cuatro o cinco generaciones, de nuestra triste raza humana… Seguro que a finales del siglo XIX, nuestros congéneres tenían una vista de lince y, una vez encaramados al Cotiella, no solo distinguían perfectamente las cumbres andorranas, sino también el color de los ojos de ese marinero que echaba las redes desde su barca en el golfo de Rosas… ¡Y hasta podían contar cuántas sardinas pescaba y todo!
Hugo: hey-hey-hey-hey-hey… ¿Qué es eso del Euklisia Rug? En cuanto tengas un ratillo, por favor, pásate por aquí para explicárnoslo a todos, que habrás picado la curiosidad a más de uno… A mí, ¡desde luego que sí!
Marcus: hola, chacho… O tu traductor (¿del portugués?) te ha vendido miserablemente, o te has cambiado sin querer de página. En cualquier caso: un saludo cordial desde España… Y, desde luego: desahógate por aquí cuanto quieras…
Comentario por albertomartinez — 6 marzo 2012 #
Tus deseos son órdenes, Alberto.
Euklisia Rug era una especie de manta, o alfombra, que es lo que significa rug, de lana que medía 2’1 x 1´7 m. Fue diseñada por el galés Sir Pryce Pryce-Jones, y patentada en 1876. El tal Sir Pryce, que según cuentan fue un pionero de la venta por catálogo, vendió más de 60.000 unidades al Ejercito Ruso y otras tantas al británico y al alemán.
Hay quien lo describe como una alfombra “todo en uno; un chal, manta y almohada”. Otros (nada menos que la BBC) van más allá y afirman que se trata del primer saco de dormir de la historia.
En cualquier caso, como hemos podido leer en tus textos, Alberto, es incuestionable que para cuando Pryce lo patentó, nuestros pirineístas ya dormían calentitos en saco.
Personalmente lo veo simplemente como una manta grande, nada más. A una cosa que no está cerrada jamás la denominaría saco. Por tanto ni fue el primero, ni es un saco.
Video del “trapo”: http://news.bbc.co.uk/2/hi/uk_news/wales/mid_/8558319.stm
Documentándome sobre Euklisia Rug, he visto que en algunas partes citan a Francis Fox Tuckett como pionero del saco. La verdad, no tenía ni idea del asunto:
“En 1861, Francis Fox Tuckett probó su primer prototipo de saco de dormir alpino y, a mediados de la década de los 60 [1860], el diseño de la manta-saco de dormir fue perfeccionado, al recubrir de goma la parte inferior de la tela […].”
Fuente: http://www.mammut.ch/images/Mammut_Sleep_well_pt1_E.pdf
Un saludo.
P.D.: Alberto, ya hablaremos de mi comisión por este rollazo que he soltado jejeje.
Comentario por Hugo Fdez. — 6 marzo 2012 #
Alberto, es un placer acompañarte en tu minucioso recorrido por la historia del descubrimiento de las montañas de Andorra. También me parece muy interesante el debate abierto en torno al primer saco de dormir de la historia, aunque no sé si os habéis percatado de que quizás nos estemos acercando también al final de este invento… Lo digo por las implicaciones de ciertos comportamientos radicales acontecidos recientemente, que me parece que indican un cambio de paradigma en el mundo de la montaña. En especial, me parece muy significativa esa ideología que propugna realizar ascensiones descalzos a las montañas, incluso las más grandes… Me da la impresión que falta poco para que llegue el día en que los humanos nos desprendamos de una vez por todas de los artificios que hemos utilizado hasta ahora para encubrir nuestras debilidades en la naturaleza, como por ejemplo el saco de dormir. Bueno, Alberto, creo que pronto podrás ponerte a practicar esta nueva modalidad en el balcón de tu casa y nadie pensará que estás loco de remate…
Comentario por Jaume Llanes — 6 marzo 2012 #
La verdad es que Hugo ha dejado el listón muy alto en asuntos “saquimontenses” con su aportación… Los aficionados al buen roncar y pernocteo pintoresco también pueden seguir las pistas que dejaron las expediciones al Everest y Kangchenjunga en los años veinte y treinta del siglo XX: en dichas crónicas aparecen desde los sacos-cama, hasta las colchas de Duvet…, sin olvidar los primeros sacos-momia, claro. Quienes sigan la historia de los viajes árticos, descubrirán curiosos engendros para no congelarse durante las viejas excursiones exploratorias… Si alguien tiene citas a mano, ¡que las pasee por aquí para subir la nota de esta página!
En cuanto a lo de subir descalzo a las montañas… ¿Es en plan expiación por algún oscuro pecado? ¿O por obtener algún tipo de satisfacción fetichista…? No; reconozco que no conocía esa variante del maso-climb, Jaume, pero si la nota se pudiera ampliar…
Comentario por albertomartinez — 7 marzo 2012 #
Aquí tienes la información sobre el alpinismo a pie descalzo:
http://desnivel.com/carreras-y-raids/la-fiebre-del-rbarefoot-runningr-lleva-a-seis-corredores-descalzos-a-la-cima-del-kilimanjaro-
Comentario por Jaume Llanes — 7 marzo 2012 #
Y la escalada en hielo sin piolet: http://desnivel.com/escalada-hielo/grado-seis-de-hielo-sin-piolets#
A destacar el comentario de un tal Anuk:
“¿y qué? … la próxima será crear una nueva tendencia … escalada en hielo con cucharillas de café [...]”
Henry Russell ya barruntaba que algo así podía pasar…
Comentario por Hugo Fdez. — 7 marzo 2012 #