Los ángeles se bañan siempre desnudos

Una vez más, realizaré gustoso una pequeña promoción de la Revista Desnivel. En este caso, apoyando al número del mes en curso, febrero de 2012, donde la monografía pirenaica le ha tocado a… (redoble de tambor): ¡la punta Escarra! Eso es: nuestros dosmiles también guardan bajo su chistera historias interesantes y vías a tener muy en cuenta. Sobre todo, los que presumen de fachadas tan elegantes como éste que hoy nos ocupa, una fantástica pirámide de 2.760 metros alzada a caballo entre el valle de Canfranc y el de Tena.

 

Antes de nada, un inciso rápido… Con frecuencia, en nuestro deporte conviven dos tendencias que pueden parecer antagónicas. Por un lado, el idealismo absoluto. Sin salir del entorno de la punta Escarra, detectamos esta predisposición en los textos del periodista Tico Medina para su Crónica del Pirineo de Huesca (1968). Si se desea degustar su delicada prosa, será preciso que acudamos al capítulo donde proclama que “En el ibón de Ip se bañan desnudos los ángeles”. Un título más insinuante, imposible:

 

“El ibón. Donde, según la voz popular, se bañan, desnudos, los ángeles. El ibón, algo fantástico, y sobre todo mágico a mis ojos andaluces. El ibón, aquí arriba, en la montaña, cercado por moles inmensas, en su terrible, tremenda seriedad fantasmagórica. Se nutre directamente de las nieves eternas, guarda en su entraña una vegetación exótica y lejana, pertenece a las regiones nebulosas de los trasgos y las brujas, es distinto.

 

”Se llama, éste, el ibón de Ip, y está muy alto, por encima de los 2.000 metros. 2.100, para ser exactos. Es frío, helador, quieto, aunque en las noches de viento se rizan sus aguas. El pico Collarada le da guardia y, en el sol contrario, sombra: 2.830 metros tiene el gigante que le da guardia sentado en la cumbre. El circo es de piedra. Nos vigilan como estatuas sarrios, carpas y gamos. Más allá, el pico del Águila. El agua es tan cristalina que se puede ver el fondo. Se llama de Ip, y está quieto por los siglos de los siglos […].

 

”Bello mediodía. Pero me tira el ibón, con su entraña, no sé por qué, tan profunda como dramática, con sus largas venas que vienen del glaciar, por insospechados caminos minerales. El sol se baña, sin mojarse, lo que es un milagro, en el corazón de Ip. Al otro lado de esas montañas está el valle de Tena. Por la ladera pasa un hombre con unas ovejas. Todavía hay pastos en septiembre. De todas formas, no hace calor, ni aún al sol, y refresca en la sombra.

 

”–Pronto nevará.

 

”Sobre el pico del Águila se levanta un turbión de nubes negras como un pecado”.

 

¿Bonito fragmento, eh? Pero existe, cuando menos, otra forma de contemplar las montañas, bastante más desenfadada que la anterior. Esta segunda visión aflora en cierto texto sobre la “Primera ascensión a punta Escarra por la cara Oeste” que apareció por el Boletín de Montañeros de Aragón en su número 78, correspondiente al mes de diciembre de 1964. Así de divertido nos presentaba su “primera a ocho manos” Antonio Lobato, un universitario madrileño que, de manera un tanto ocasional, se uniría al trío de socios de Montañeros formado por Luis Oro, Jesús Pérez y Carmelo Royo:

 

“La cumbre de punta Escarra nos recibió con música celestial, pero no creáis que esto levantó nuestros ánimos, sino todo lo contrario: la tal música celestial era un repelente zumbido de abejas, preludio de un chispazo que nos anunciaba de esta forma su inminente presencia.

 

”El rayo cayó por fin…, y lejos, gracias a Dios. Bueno, ya estamos arriba. Un pequeño descanso, y nos desatamos.

 

”–¿Por dónde se baja?

 

”–Por aquí, por la normal.

 

”–¿Y luego, un poco más abajo?

 

”–Luego ya veremos.

 

”–Por el corredor no. ¡Ni lo pienses!

 

”Al final, naturalmente, bajamos por el corredor. Era nuestra única salida…

 

”El día antes, yo había ido a Canfranc –con harto dolor de mi bolsillo– en el automotor. Allí me esperaban Luisito Oro, Carmelo Royo y Poncho. Nos pusimos el traje de los domingos y,  a la luz de la luna, tiramos Canal de Izas arriba. Poco después de dejar la pista y las últimas barracas de las obras, el camino se convirtió en algo diabólico: teníamos que saltar de piedra en piedra y dar pasos de escalada de dudosa seguridad. Sin embargo y para compensar nuestro esfuerzo, nos veíamos sorprendidos de vez en cuando por las gentiles caricias de las zarzas, aliagas y demás exuberante flora que embellece la montaña.

 

”El camino era poco acogedor, aunque a decir verdad, el camino-camino, lo que se dice camino, iba bastante más abajo, según pudimos comprobarlo el día siguiente. Ahora teníamos que encontrar una casita.

 

”–¡Que es aquí! ¡Que no es aquí! ¡Que es más arriba! ¡Que es más abajo!

 

”–Beee, beee –nos dijo una oveja.

 

”–Guau, guau –nos amenazó un perro.

 

”–Por aquí debe andar el rebaño –dijo alguien astutamente– y, por tanto, el refugio no puede estar lejos.

 

”Nos devoraba la ansiedad de encontrar el tan codiciado cobijo. Por fin, nuestro gozo se colmó al tropezar con las blancas paredes del refugio, y dos pastores que se nos antojaron querubines nos dieron la bienvenida, todos vestidos de blanco (camiseta y calzoncillos).

 

”–Estábamos ya en la cama– se excusaron.

 

”–Pues por nosotros no lo dejen. ¡Hala, a descansar!

 

”El salón central (el único que había) estaba decorado con un rústico y clásico estilo montañés. Para hacer más íntima la cena nos alumbrábamos con dos velas, prescindiendo de la aburguesada luz eléctrica.

 

”Nuestras camas eran de buen cemento, y tan bajas tan bajas que se diría que rozábamos el suelo.

 

”Los pastores, en su rusticidad vernácula, no se privaban de los adelantos del capitalismo y nos despertaron con suave música que extraían de un aparatito de transistores.

 

”–¿Y ustedes creen que nos mojaremos?

 

”–¡Hombre, si el viento no cambia, no se mojarán! Ahora, que si le da por venir de ese lado de allá, pudiera ser que sí, aunque también es posible que…

 

”–Bueno, adiós: gracias por su infalible previsión meteorológica. ¿Ve usted?: ahora ya nos vamos más tranquilos.

 

”Pasito a pasito, nos ponemos en marcha. La mañana está fresca y se presta a contar batallitas de cuando en cuando.

 

”Habíamos entrado por la Canal de Izas, despreciando la de Ip, porque de fuentes bien informadas habíamos oído que la ascensión por aquella era fácil. Total, una glera [pedriza] de nada…

 

”¡Que Dios perdone a las fuentes bien informadas!

 

”Imaginaos que tenéis un saco de buena pluma en una mano, y en la otra una navaja con la que desgarráis este, furiosamente. Y ahora imaginad que las plumas, por arte de birlibirloque, se convierten en piedras. Esto podrá daros una pobre idea de cómo caían los tusos [piedras] por allí.

 

”El ansiado collado es, por fin, hollado. ¡Alabado sea el hado, de buena nos ha librado!

 

”Un poco de queso, chorizo, pan y una lata de melocotón con surtidor (la lata estaba envenenada y hubo que tirarla).

 

Luisito y Carmelo forman cordada y van los primeros, y por unanimidad deciden los dos que sea la otra cordada la que cargue con las mochilas.

 

”Empezamos con una trepada fácil hasta el primer tropiezo: un pequeño extraplomo que tiene su telenguendengue. Un clavo, un estribo, otro clavo, un par de pasitos más con algún clavito que otro y una repisa ancha, que nos lleva en suave ascensión hacia la izquierda. Cómodamente sentados, aseguramos, y vemos cómo suda Carmelo. Primero, hacia la derecha nuestra, supera un pasito ayudado por un estribo, y algo más arriba habrá de encontrarse en una plataforma muy pequeña, muy inclinada hacia la derecha, con un techito que te empuja hacia afuera, con odiosa insistencia. Pasado esto, hay que encaramarse, a un pitón de roce que tememos que pueda tambalearse.

 

”Unos dieron el paso cabalgando sobre el pitón, y otros colgándose de él, y saliéndose de la pared. Por supuesto que para cada uno de nosotros, la solución que dimos a este paso era la más acertada.

 

”Con esto se llega a una chimenea a la derecha, que se ve muy clara. Lo que no se ve tan claro es la forma de entrar en ella, porque las presas se mueven y aunque no se movieran…

 

”Hurgando, hurgando, se ve que hay mejor salida por la izquierda, por una especie de diedro-chimenea-fisura. Hubo quien no se percató del truco y dio el paso a la brava. Bueno, allá él.

 

”Y, por fin, superado esto, solo quedan unos pasitos relativamente cómodos –si no te llueve como a nosotros– y estás bastante seguro si no salen chispas a tu alrededor. Pero como la batallita de la tormenta ya la conté antes, ¿para qué voy a empezar de nuevo?”.

 

En fin: nunca mejor dicho eso de que “para gustos están los colores”… Por cierto: si tenéis curiosidad, introducid en el buscador el nombre de Luis Oro Giral, uno de los protagonistas del relato. Veréis cómo le ha ido en esta vida… En cuanto a su compañero, Antonio Lobato, ¡supongo que no se tratará del célebre presentador de las carreras de Fórmula Uno!

15 Comentarios »

RSS feed para los comentarios de esta entrada. TrackBack URI

  1. Uno de los motivos por los que hago de “romancero” con las revistas de la Casa es porque, de ese modo, puedo complementar lo publicado en tinta y papel. Así, ayer mismo recibí un amable correo de Eduardo Martínez de Pisón con un par de noticias interesantes sobre la punta Escarra que, sin duda, merecen difusión. La primera, en forma de divertida anécdota personal:

    “[…] esa Punta fue una de mis primeras montañas en condiciones prácticamente invernales, y por ello le guardo un recuerdo fantástico. Subimos en marzo del 57, todo tieso para arriba desde Ip…, con un calzado que no te quiero contar, pero fue inolvidable. Una prueba de esa ascensión a la brava, te la mando en una foto del grupo de amigos en plena tarea heterodoxa, que conservo […]”.

    El segundo asunto hará las delicias de los “escarralómanos”…, pues la montaña de la que hablamos merece sin duda su club de fans. Se trata de un trabajo donde nuestro querido profesor aborda a fondo la cuestión toponímica de la punta Escarra, por lo que desde aquí lo recomendamos:

    MARTÍNEZ DE PISÓN, E., y ORTEGA, N., “El paisaje, valores e identidades”, Universidad Autónoma Madrileña, Madrid, 2010.

    Comentario por albertomartinez — 1 febrero 2012 #

  2. En mi opinión, la silueta y empaque de la Punta Escarra es sencillamente insuperable. La arista de la vía normal, N.O, está con las reuniones aseguradas y esas instalaciones pueden servir para montar media docena de rápeles.

    Comentario por Jesús Vallés — 1 febrero 2012 #

  3. Alberto, una vez más, sirvan estas líneas para felicitarte. Esta vez por tu artículo sobre la Punta Escarra en el número de Febrero de Desnivel. Magnífico.
    Es una cumbre en la que todavía no he estado,una vez me dí la vuelta, prudentemente, pero espero que algún día quieras acompañarme. Ah! Y tú Jesús también…Que sigues en plena forma!!!

    Comentario por Julio Viñuales — 2 febrero 2012 #

  4. ¿Os habéis percatado del detalle de la presencia pastoril en ambas historias…? Y, dada la relativa vecindad del circo de Ip y de la Canal de Izas, ¿sería posible que en los dos encuentros participara el mismo hombre…? En cuanto a eso de los supuestos querubines de la cabaña, ¿tendrá algo que ver con el título pintoresco de este texto…?

    Comentario por albertomartinez — 2 febrero 2012 #

  5. Pastores siempre pululan por allí en verano. De los “querubines” ni idea. Julio, si quieres vamos a subirla.
    Con que no haga viento es suficiente. Solo hay un corto tramo a 60º. Escasa de nieve puede ser más difícil.

    Comentario por Jesús Vallés — 2 febrero 2012 #

  6. Tan interesante esta entrada, como el artículo en Desnivel.

    Hablando de la revista (y saliéndome del todo del tema, disculpas por ello); en el número de enero, hay un buenísimo artículo de Simón Elías dedicado a los escalatorres. Al final del mismo, se cita cierta ascensión al Picuezo (en Autol, La Rioja) a cargo de Luis Alejos en 1967. En el siguiente enlace se pueden encontrar imágenes de la gesta y también la reseña aparecida en Pyrenaica:

    http://www.mendikat.net/monte.php?numero=1740

    Un saludo

    Comentario por Hugo Fdez. — 2 febrero 2012 #

  7. De acuerdo Jesús, a ver si convencemos al autor del artículo (Albertoooo) y al Moskitos, si se pone las pilas y montamos una los cuatro…

    Comentario por Julio Viñuales — 2 febrero 2012 #

  8. Un par de cosillas, chachos…

    Hugo: no hay problema, ni mucho menos. La verdad es que leo con mucho gusto cualquier cosa que escriba Simón, pero ese texto al que aludes me pareció de lo más afortunado. No tanto como su “Spanish system” (sin duda alguna, mi favorito), pero… En cualquier caso: muchísimas gracias por tu enlace, que ciertamente recomiendo a todos…

    Julio y Jesús: pues no quedaría gracioso ni nada que nos fuésemos de picnic a la Oeste de la punta Escarra, pero vestidos de querubines (en goretex) y previo baño (en pelota picada, claro está) en el ibón de Ip, que me han dicho que ahora le han puesto un termostato que funciona echando moneditas…

    Comentario por albertomartinez — 3 febrero 2012 #

  9. Mira Alberto, no te escaquees, que tú has subido cosas muchísimo más difíciles. Con tus “monográficos” en Desnivel, excitas la imaginación de la gente que prepara la mochila, el piolet y los crampones. Te disculpo porque sé que dispones de pocos días libres, pero si podemos coincidir, por mí encantado.
    Julio, a ver si pasa esta “ola” de frío siberiano y podemos subir el corredor y la arista de la Punta Escarra.
    Un saludo.

    Comentario por Jesús Vallés — 3 febrero 2012 #

  10. No; pues no coincidiremos, Jesús. Ya te lo podías imaginar: estuve rondando la punta Escarra con especial “saña” durante la primavera pasada y los inicios del verano que hemos dejado atrás… Para mí, esa montaña tan arrebatadora es “el pasado”, y tardaré en dejarme caer por allí… ¡No tengo demasiado tiempo libre, ya lo sabes! En cuante pase la Ola Siberiana, me dedicaré a rondar los siguientes cuatro objetivos fijados (con fecha de entrega) para las monografías de Desnivel, pues honestamente creo que hay que frecuentar los resaltes sobre los que escribes, aunque se trate de su crónica histórica. Precisamente, la semana pasada, fijé con Alberto Hernández otra lista de cinco montes majotes del Pirineo (con tres más en reserva), que serán nuestras siguientes “víctimas”… En los próximos dos o tres años, voy a estar a todas horas jugando con esa relación de doce montañas… No se trata de ninguna condena: son picachos más que recomendables, ya verás. Lo mejor será que os pase los nombres de “los elegidos” por ver si podemos coincidir en ellos, “Perro de Roca”… ¡Guau, guau!

    Comentario por albertomartinez — 3 febrero 2012 #

  11. ¡Spanish system, very good system! jajaja. Razón tienes Alberto, ese artículo es insuperable.

    Esta bien que menciones que preparas in situ tus reportajes (algo que tus lectores sabíamos de sobra, claro). Lo digo porque más de uno reseña explorando a fondo… Internet y bibliotecas varias, que son más cómodas y calentitas.

    Saludos.

    Comentario por Hugo Fdez. — 3 febrero 2012 #

  12. No lo puedo remediar, Hugo: al filo de tu comentario, ¡tengo que contar una anécdota muy buena! En cierta ocasión, desde un foro de opinión montañero centrado, mira tú que casualidad, en la capital aragonesa, surgió un curiosísimo debate sobre el corredor del Príncipe de la Moskowa, en el Vignemale… Abreviando mucho: ponían en duda que un servidor lo hubiese subido, a tenor de unas conclusiones sobre la cotación que le daba a su celebérrima Chimenea en un libro de esta Casa, “Vignemale, el Señor del Pirineo” (2004)… Aunque a Beata Rozga, la editora de Desnivel de entonces, la cosa no le hizo la demasiada gracia, yo casi me parto de risa: evidentemente, los muy honorables participantes en dicho foro no habían prestado excesiva atención a las fotografías de las páginas 51, 77, 81, 128-IV, 128-V, 128-VI, 128-XIV, 165, 219… Cuando me siento deprimido (cosa que sucede muy, pero que muy pocas veces), pienso en esta historia para alzarme la moral… ¡Más que hacer cábalas sobre las bondades del “Spanish System” del blog de Simón Elías!
    Por cierto: un día de estos tenemos que hablar de la Moskowa más desconocida…

    Comentario por albertomartinez — 3 febrero 2012 #

  13. Me parece muy interesante este doble abordaje literario de la punta Escarra. Dos estilos casi antagónicos, pero ambos muy sugerentes, sin duda. Cada uno con su peculiar y divertida exageración (¿qué sería la vida sin un poco de exageración?. Y, aparte de las historias que nos explicas en tu artículo, Alberto, quizás queden aún muchas otras narraciones congeladas en algún viejo boletín lleno de polvo o dentro de un baúl de algún desván. Me parece asombroso que una sola realidad se preste a tantas interpretaciones, todas tan intensas y reales. Puede que esa sea la clave del futuro de la montaña, ahora que lo “objetivo” se ha banalizado tanto y tanto (cada vez somos más altos, mejores, más fuertes.., y más insustanciales): explorar el horizonte infinito de las perspectivas, es decir, intentar forjar esa perspectiva o realidad exacta que sea la de cada uno.

    Comentario por Jaume Llanes — 7 febrero 2012 #

  14. Impresionante Alberto!! una maravilla y el artículo aparecido en Grandes Espacios tampoco tiene desperdicio. La Punta Escarra y muchas de las cumbres que la rodean se convirtieron para muchos en una magnífica escuela…¡que recuerdos!. No hay nada como patearse la región para poder describir con detalle el actual estado en el que se encuentran las vias, los senderos y en general, el relieve que vamos a encontrar. Un abrazo!!

    Comentario por Víctor Riverola i Morera — 8 febrero 2012 #

  15. Jaume y Víctor: muchísimas gracias por vuestras precisiones… Desde luego, parece que me habéis leído el pensamiento… ¿Tan transparente soy? La explicación: en la siguiente entrada que ya me apresto a colgar…

    Comentario por albertomartinez — 10 febrero 2012 #

Dejar un comentario

XHTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

*

  • © Ediciones Desnivel SL., Calle San Victorino,8 28025 Madrid - Tfno. 902 902 156 - E-mail: edicionesdesnivel@desnivel.es
    © Librería Desnivel, Pza. Matute 6 28012 Madrid - Tfno. 902 24 8848. Abrimos las 24h en www.libreriadesnivel.com.